martes, 20 de marzo de 2018

Ignacio Pinazo Camarlench, La fiesta


Realizado en 1890. Óleo sobre lienzo, de 80 X 100 cm.






Entre la numerosa representación de la obra de Ignacio Pinazo que posee el Museo del Prado, esta es quizá la pintura que mejor testimonia el grado de modernidad alcanzado por el artista en su plena madurez, verdaderamente singular en el panorama de la pintura española de su tiempo. Resuelta con un lenguaje plástico rayano en la abstracción, el abundante uso de la espátula sobre manchas de color que apenas insinúan las figuras, dejando entrever incluso en algunas zonas la preparación del lienzo y el predominio absoluto de los efectos plásticos sobre cualquier precisión figurativa, son prueba evidente del vanguardismo de este artista para su época, que anuncia ya en 1890 conquistas plásticas no alcanzadas en la pintura española hasta bien entrado el presente siglo.

En efecto, su preocupación por las texturas, la vehemencia de su técnica, insistida en algunas zonas con verdadera fruición y apenas manchada en otras zonas del lienzo, muestran al Pinazo más libre y personal, llegando a tales cotas de atrevimiento en una obra que conservó siempre en su poder, y que pasó después a su hijo Ignacio. En ella, Pinazo muestra tan solo su preocupación por los efectos de composición y las manchas de color, entre las que apenas puede adivinarse u grupo de personas bajo un arco cubierto de hojarasca. Sin embargo, no es la única obra de este carácter del maestro de Godella, que gustó pintar repetidamente apunte de grupos de gentes en movimiento, más a que por la caracterización individual de la figuras.




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