martes, 20 de febrero de 2018

Autorretrato de Ignacio Pinazo Camarlench


Realizado en 1901. Óleo sobre lienzo, de 57 X 45 cm.




Pinazo se autorretrata aquí a sus 52 años, aunque su rostro aparenta bastante mayor edad, por lo que el cuadro es conocido también con el título de Autorretrato anciano. Representado de busto, con chaqueta y sombrero, posa ante un fondo neutro, asomando el brazo izquierdo como extendido al frente, seguramente en actitud de pintarse. Aparece casi de frente, volviendo el rostro hacia el frente para mirarse en el espejo del que copia sus facciones.

De entre todos los artistas españoles de su generación, Ignacio Pinazo es, sin duda, el paradigma del pintor obsesionado durante toda su vida por el análisis de su propia imagen, de la que dejó constancia en más de trece autorretratos, ejecutados desde su primera juventud y a lo largo de toda su carrera, de los que el Prado posee además de éste uno de sus mejores testimonios -Autorretrato pintando o Joven con sombrero-, y que constituyen acta notarial implacable, aunque inevitablemente subjetiva, de la transformación de sus rasgos y aspecto hasta su última vejez. Desde los primeros ejemplos juveniles, hay en todos ellos una especial preocupación por el modelado del rostro a través de una luz muy dirigida, y un dibujo firme y seguro, que en los últimos autorretratos se va diluyendo progresivamente en texturas mucho más deshechas.

En todas estas imágenes que Pinazo dejó de sí mismo se adivina sin dificultad un cierto componente narcisista, justificado en cierta medida por las atractivas facciones del artista, que fue también muy aficionado a ser retratado en fotografía. La vejez prematura que Pinazo aparenta en este autorretrato, sobre todo si se compara con el firmado apenas seis años antes, pudiera quizá responder al pesimismo del artista en los años del tránsito de siglo, en que parece sentirse desplazado ante las nuevas corrientes artísticas, viendo próxima su vejez.

Este lienzo fue adquirido al propio Pinazo con motivo de la medalla de Honor concedida al artista por el conjunto de su obra en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1912, donde figuró el cuadro entre una nutrida selección de 34 cuadros de distintas fases de su producción



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