viernes, 21 de julio de 2017

ERMITA DE SAN ANTONIO DE LA FLORIDA

Si caminas por el Paseo de la Florida hacia el Puente de los Franceses, dos iglesias que parecen gemelas salen a tu encuentro. Es la superviviente de las tres ermitas dedicadas a San Antonio de Padua que hubo a las afueras de Madrid. De las otras, una estaba situada en la actual  Parroquia de San Antonio de los  Alemanes y la otra en lo que se llamaba el Huerto del Francés en los jardines del Retiro. Fue a principios del siglo XX, cuando se las consideró Ermitas.


La primera ermita fue construida en 1720 por José de Churriguera, y derribada en 1768, por orden de Carlos III, para la apertura de la carretera de Castilla. A la vez ordena la construcción de ermita nueva, encargándoselo a Francesco Sabatini. Esta nueva ermita fue mandada derribar por su hijo y  sucesor Carlos IV, que adquiere el Palacio de la Florida cercano a la ermita, al marqués de Castel Rodrigo, construyendo en el lugar de la derribada ermita, las caballerizas del Palacio. En 1792 el rey propone construir otra poniendo el mismo la primera piedra, finalizando las obras en 1798. El Palacio de la Florida fue destruido para hacer la nueva Estación del Norte. La nueva ermita construida por Carlos Fontana se desplazó hacia los jar­di­nes que se extendian hacia el Man­za­na­res en el ac­tual Paseo de la Flo­ri­da de Ma­drid, en­ton­ces Cues­ta de los Are­ne­ros. Fe­li­pe Fon­ta­na le­van­tó la er­mi­ta que co­no­ce­mos como de San An­to­nio de la Flo­ri­da con un sen­ci­llo di­se­ño de cruz grie­ga en es­ti­lo neo­clá­si­co, terminándosela en 1798.

Al principio del levantamiento del dos de mayo en Madrid en 1808  se produjeron los fusilamientos del día siguiente en la Montaña de Principe Pío, la ermita de San Antonio de la Florida. Llevaba diez años construida cuando se inició la Guerra de la Independencia.


En 1928 se cons­tru­yó a su vera una igle­sia idén­ti­ca para sus­ti­tuir sus ofi­cios como pa­rro­quia, y pre­ser­var así los mag­ní­fi­cos fres­cos del de­te­rio­ro que le su­po­nía el humo de las velas. Esto ha per­mi­ti­do con­ver­tir la pri­me­ra en un museo sobre Goya, cuya tumba se en­cuen­tra bajo la cú­pu­la.

Al convertirse en parroquia el humo de las velas perjudicaba a los frescos de Goya, por lo que se encargó al arquitecto Juan Moya Idígoras, una nueva para cultos religiosos exactamente igual que la primera, comenzándose a edificar en 1925. En 1919 se trasladaron los restos de Goya desde la Sacramental de San Isidro, colocando una imagen del pintor frente a la ermita obra de  José San Bartolomé.

Las dos ermitas sufrieron saqueos durante la Guerra Civil. Hubo desaparición de piezas de valor en su interior. Además los frescos de Goya en la nueva ermita resultaron afectados en la cúpula por metralla, así como la entrada al edificio.

San Antonio de Padua

Nació alrededor del año 1191 Fernando Martins de Bulhôes, a la mayoría de nosotros no nos dice nada este nombre. Pero, si decimos San Antonio de Padua reconocemos al patrón de Lisboa y Padua, entre otras ciudades. Fernando tomó el nombre de Antonio en honor de San Antonio Abad.
San Antonio nació en el seno de una familia acomodada en el barrio de la Alfama de Lisboa. Como sacerdote franciscano recorrió parte de Europa hasta recalar en Padua. Este doctor de la Iglesia tuvo gran facilidad para comunicar la fe cristiana a las gentes sencillas. A pesar de su formación fue un santo humilde, cercano al pueblo y pródigo en milagros.


El milagro de más trascendencia, fue el que le permitió demostrar la inocencia de su padre, acusado de asesinato en Lisboa, adonde llegó desde Padua transportado por ángeles. Allí resucitó a la víctima para que contara quién fue su verdadero asesino. La narración de este prodigio fue elegida por Goya para decorar la ermita del Paseo de la Florida.

Los Frescos de Francisco de Goya

Su cargo de Pin­tor de Cá­ma­ra le pro­cu­ró a Goya el en­car­go que, sus ami­gos Jo­ve­lla­nos y Saa­ve­dra, en­ton­ces mi­nis­tros, le hi­cie­ron para que rea­li­za­ra la de­co­ra­ción pic­tó­ri­ca de la igle­sia que se con­sa­gró a San An­to­nio de Padua. Ayudado por Asensio Juliá entre agosto y diciembre de 1798, La sobriedad de la arquitectura, pone en primer plano las pinturas con pinceladas al temple, el pincel recorre todo espacio desprovisto de elementos de piedra y madera.

En la bóveda del ábside está representada la Adoración de la Trinidad, mientras que querubines y ángeles de sexo femenino, vestidos según la moda de la época, imprimen el espacio en blanco. Si bien el ábside es la parte principal de la iglesia, miramos hacia arriba para encontrarnos una escena que nos llama la atención cubriendo la totalidad de la cúpula.


En la cúpula, Goya representó el milagro mas conocido de San Antonio de Padua. La historia relata cómo el santo es transportado por ángeles hacia Lisboa, donde se estaba produciendo el juicio contra su padre, acusado de asesinato; San Antonio de Padua intervendrá, haciendo desenterrar al difunto y pidiéndole que conteste a las preguntas del juez, confirmando así la inocencia de su padre. La escena representa al Santo, a sus padres y al difunto, y a una serie de personajes ataviados con trajes típicos del Madrid de finales del siglo XVIII, distribuidos en torno a una balaustrada que da perspectiva y realismo a la escena.


Apoyados sobre la barandilla encontramos: Majas, Chisperos, Embozados y Chulapas. Los personajes comentan y observan el milagro, mirando atentamente, bajo un cielo abierto que muere en la linterna de la cúpula, dando sensación de desaparición de la arquitectura en busca de mayor viveza y teatralidad. El pintor trasladó la escena desde Lisboa a Madrid, siendo los testigos sus propios contemporáneos, recreados con gran naturalidad y haciéndolos protagonistas de la escena.


La pintura es un fresco con pinceladas al temple y se conoce la factura del comerciante que vendió los colores a Goya: ocre claro, ocre oscuro, albín fino molido, tierra negra, esmalte, tierra roja, sombra de Venecia, verdacho fino, hormaza, bermellón de la China del Real Estanco, tierra roja, minio, negro fino de marfil, añil de flor, azul de Molina, ocre de Siena, carmín superfino de Londres, azul de Inglaterra, laca superfina y negro humo. La concepción espacial es herencia de Tiépolo. Las pinceladas sueltas, largas, vigorosas, se yuxtaponen creando atmósfera, alcanzando un efecto de modernidad que se toma como punto de arranque del impresionismo goyesco.


La Muerte del Maestro

El pintor fallece en Francia en 1828. Cien años después, en 1919, se trasladan sus restos mortales a la ermita de San Antonio de la Florida, donde actualmente se encuentra su sepultura. Fue enterrado junto con su consuegro Martín Miguel de Goicoechea, fallecido también en Burdeos, para evitar errores de identificación.

El Panteón Conmemorativo de Francisco de Goya


A los pies del presbiterio se encuentra el panteón del pintor. La tumba de Goya es de granito y conserva la lápida de la sepultura de Burdeos.  El cuerpo carece de cráneo, pues probablemente fue separado del tronco para la realización de análisis frenológicos, aunque existen varias versiones a cual más dispar sobre los verdaderos motivos.

El culto a San Antonio de Padua (San Antonio de la Florida)


La campiña del río Manzanares ha sido y es un lugar muy recurrente para la celebración de fiestas de larga tradición. En 1732 al erigirse la nueva ermita para proteger los frescos, se colocó una imagen de San Antonio de Padua que alcanzaría pronto gran devoción popular. El culto al santo pasaría a la nueva ermita erigida en 1798 por Carlos IV, denominándose la ermita San Antonio de Padua, primero, y San Antonio de la Florida, después. Cada año, el día 13 de junio se celebraba la romería dedicada a San Antonio, a cuya ermita acudían y acuden las jóvenes para pedirle un buen novio al santo. Actualmente, se siguen celebrando estos festejos dedicados al santo.

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