23 octubre 2017

Marina de Guerra de los siglos XVIII y XIX: Trafalgar-El Combate


          Nos habíamos quedado en el momento en que se ha producido la desastrosa virada, ordenada por Villeneuve. El escenario de la flota combinada es dantesco: la Retaguardia se ha convertido en vanguardia, hay barcos que aún están realizando la maniobra, otros la han acabado, nadie sabe el orden en que hay que situarse, hay distancias entre algunos barcos por los que podría pasar toda una división enemiga, y lo que es peor: nadie sabe lo que hay que hacer. Todos pendientes de las banderas de señales. Mientras tanto, veamos que pasa en el otro bando.

          Nelson, obsesionado por capturar al almirante enemigo, hizo rumbo sobre la Primera División del Cuerpo Fuerte, donde estaba el mando de Villeneuve, en el Bucentaure. Esta división constaba de siete navíos, pero gracias a la maniobra, tres de ellos quedaron sotaventados y que no participaron en la batalla, y que regresaron a Cádiz, sin apenas daños. Dicho lo cual, solo quedaban cuatro navíos: San Agustín, Santísima Trinidad, Bucentaure y Redoutable, para hacer frente a 13 ingleses, cinco de ellos de tres puentes. Iba en cabeza de la formación inglesa el Victory, que pronto empezó a recibir las andanadas contrarias. Nelson pretendía cortar la línea entre el Santísima Trinidad y el Bucentaure, vista la intención, el primero facheo para estrecharse con el Bucentaure, por lo que Nelson tuvo que virar y dirigirse al Redoutable.

          Inmediatamente comenzó la lucha, siendo en este momento cuando Nelson fue herido mortalmente por el disparo de fusil, efectuado desde una cofia, cuando paseaba por el alcázar. Pero aquí surge una pregunta: ¿Por qué no había tiradores ingleses en las cofias? Lo que hubiera, posiblemente, salvado la vida de Nelson. Pues parece ser que esto se debe a una orden directa del almirante inglés, con el argumento que solo servía para provocar incendios en las velas propias. Cuando la dotación del Bucentaure, se preparaba para abordar el Victory, apareció el tres puentes Temeraire, para sacar del atolladero a la desanimada marinería del Victory.
     
          El combate se transformó en desigual, produciéndose enfrentamientos de dos buques ingleses contra uno español. Villeneuve, había hecho señales de socorro a la división de Dumanoir, de siete navíos, que constituía la retaguardia del Cuerpo Fuerte, pero que ahora, debido al viraje¸ era la vanguardia de toda la flota combinada. Dumanoir no tenía enemigo con quién enfrentarse, había visto las señales de socorro de su jefe, pero optó por no hacer nada durante largas horas


          Una vez más la táctica británica salió a relucir: los barcos no se ponían de costado a sus enemigos españoles, atacándoles por aletas y amuras, buscando así los ángulos muertos de sus baterías.

          El Bucentaure no tardó en caer, y mientras el almirante en jefe se rendía, el Santísima Trinidad y el San Agustín seguían resistiendo, aunque en penosas condiciones, el primero estaba ya sin palos y acribillado. Tanto es así que sus enemigos creyeron que se rendiría, pero los españoles respondieron negativamente y les señalaron a la división de Dumanoir, que por fin, acudía en auxilio del centro.

          Imposible saber las razones que tuvo Dumanoir para tardar tres horas en intervenir. Si sus siete navíos se hubieran unido a los cuatro que se defendían, más los tres que incomprensiblemente se escabulleron, hubieran sido muy superiores a los enemigos y probablemente el resultado hubiera sido bien distinto. Pero tampoco Dumanoir hizo algo destacable, se limitó a hacer una pasada al grupo que atacaba al Santísima Trinidad y al San Agustín, para seguidamente orzar, no poniendo rumbo a Cádiz (punto de reunión), sino al Atlántico, acabando para él, el combate.

          El Neptune, mandado por Cayetano Valdés, pertenecía a la división de Dumanoir, pero se separó de los navíos que se separaban del combate. Preguntado que cuál era su objetivo, se limitó a contestar: al fuego. Alcanzado por el Minotaur y el Spartiate, comenzó el desigual combate, en el que cayó herido Valdés, con resultado desastroso para el Neptune.

          Haciendo un resumen, 13 navíos británicos, cinco de ellos de tres puentes, lucharon contra cinco de la flota combinada, de los que solo el Santísima Trinidad, era capaz de hacer frente a los tres puentes ingleses. Resultó heroica la resistencia de éste ultimo, junto al Redoutable y al San Agustín; el francés se quemó, literalmente, en poco más de dos horas, intentando el abordaje.

          Un combate muy diferente tuvo lugar el librado la columna del segundo jefe inglés, Collingwood y su columna, compuesta por 15 navíos, contra los 17 navíos aliados restantes. La columna de Collingwood arribó casi en paralelo a desastrosa masa de buques enemigos, cortando su línea por varios puntos simultáneamente. El ataque dio lugar a una confusa melé, con los barcos facheados para no abordarse entre ellos, que permitió a los navíos ingleses acercarse impunemente. Cada buque de Collingwood se dirigió a la popa de un aliado, que era la parte más vulnerable de un navío de la época. Tras la descarga el buque atacante orzaba y atacaba por sotavento, buscando como ya hemos visto, cañonearlo por aletas y amuras.

          El primer buque británico en cortar la línea aliada fue el Royal Sovereign de Collingwood, un poderoso tres puentes que se dirigió hacia la popa del Santa Ana, mandado por Gardoquí y donde lucía su insignia Álava. El matalote del navío español, el francés Fougueux, dejó un hueco por el que entró el inglés, descargando su artillería en la popa del español y atacándole a continuación por estribor desde sotavento. Pero inmediatamente que el Royal Sovereign, se puso por su costado, el Santa Ana, le lanzó una tremenda andanada, que hizo escorar el navío inglés, iniciándose así un duelo entre los dos.


          Pero ahora el Belleisle, pasó por la popa del Santa Ana, lanzándole una andanada. El Fougueux, tras unos disparos contra el Belleisle, se retiró hacia el centro de la línea aliada, donde sería víctima del Temeraire y del Victory. Solo el Santa Ana, tras duro combate y con Álava y Gardoquí heridos, tuvo que rendirse, dejando al Royal Sovereign, en tal estado que Collingwood tuvo que trasladarse a la fragata Euryalus.

          No dejaremos este relato, sin hacer una mención al comportamiento que en esta batalla tuvo el San Juan Nepomuceno de Churruca. Desde el primer momento tuvo que hacer frente a varios buques enemigos, entre ellos el tres puentes Dreadnought. El valor, la pericia y la determinación de Churruca han quedado como proverbiales. Llegando incluso a disparar, personalmente, alguna pieza. Acababa de hacerlo cuando fue mortalmente herido, como lo fue su segundo, el capitán de fragata don Francisco Mayna, tomando el mando el jefe de una de sus baterías el teniente de navío Joaquín Núñez, que con tres enemigos batiéndole a corta distancia, y ante el estado del buque, no le quedó más remedio que rendirse al Dreadnought, con la admiración de sus enemigos por su brava resistencia.


          También falleció en esta jornada, por una bala de cañón, Dionisio Alcalá Galiano, al mando del Bahama. También cayó el Algesiras, tras la muerte de contralmirante Magon, incendiado por el fuego enemigo, y volando con toda su dotación. Mientras en el Príncipe de Asturias, fueron heridos Gravina y Escaño; el poderoso tres puentes estaba muy averiado, por lo que tuvo que arbolar señal de retirada y de necesitar remolque. Acudieron en su auxilio, varios navíos, y por fin pudo ser remolcado por la fragata Thermis, a Cádiz.

          Por último, llama la atención que, con Nelson muerto, Collingwood trasbordado a una fragata y Villeneuve prisionero, el único de los mandos principales que mantenía su insignia en su buque, fuera Gravina.

          Tras aquella carnicería, llego la noche, y al amanecer del 22, se presentó el temporal. Dumanoir en el Atlántico, una parte de la flota aliada fondeada en Cádiz o a su entrada, y los británicos custodiando sus 17 presas. La situación de estos era peligrosa pues el viento los empujaba hacia la costa. Todo indicaba que, heridos Gravina y Escaño, se resignarían. Nada más lejos de la realidad, convocaron consejo de guerra en el Príncipe de Asturias, y ordenaron una salida para intentar rescatar las presas. Pero con el temporal en pleno auge, hubo que aplazar la salida para el día 23.


          La división al mando del capitán de navío más antiguo, el francés Cosmao, estaba compuesta por siete navíos, tres españoles y cuatro franceses, además de fragatas y bergantines. El hecho esta plagado de heroísmo, más tras haber sido vapuleados hacía escasas horas, y teniendo enfrente a los 27 navíos ingleses y posiblemente los seis navíos que no habían participado en la lucha. Collingwood, interpretó que la fuerza de rescate era superior, por lo que dio orden de soltar parte de las presas, incluso con las dotaciones inglesas. Solo quedaron en su poder el Bahama, el San Juan Nepomuceno, el San Ildefonso y el Swiftsure. En los Santa Ana, Neptuno, Algesiras y Bucentaure, al ver el intento de socorro, redujeron a las dotaciones de presa y se liberaron.

          Los ingleses evacuaron a los aprensores y prisioneros del Santísima trinidad, no así a los agonizantes, que se fueron al fondo del mar con el navío. Lo mismo pasó con los Argonauta y Redoutable. Muchos son los casos que tuvieron lugar en diversos navíos, pero baste con imaginar el desastre que se produjo después, con los barcos estrellándose contra los arrecifes. Extraordinaria fue la labor de los habitantes de toda la costa, recogiendo náufragos.

Muerte de Churruca 

          Collingwood, ofreció el día 27 al gobernador de Cádiz, general marqués de la Solana, desembarcar a los heridos por no poderlos atender en los barcos o en la cercana Gibraltar. Tanto Gravina como el marqués contestaron que, quedaban libre los oficiales, marineros y soldados de las dotaciones de presa británicas, y solicitaban un canje de prisioneros, a lo que accedió el almirante inglés.

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