miércoles, 2 de mayo de 2018

Grandes Asedios de la Historia: Cartagena de Indias


Del  13 de marzo al 20 de mayo de 1741, tuvo lugar La batalla de Cartagena de Indias,  entre las armadas española e inglesa. Batalla decisiva para el  desenlace final de la Guerra de la Oreja de Jenkins, que transcurrió entre 1739 y 1748,  y fue uno de los conflictos armados entre España y Gran Bretaña que tuvieron lugar durante el siglo XVIII.


La Armada Inglesa que participó, con 195 navíos, era mayor que la que Felipe II envió, con tan desastrosos resultados, a la conquista de Inglaterra. El ejército inglés estaba comandado por el almirante Edward Vernon, con 32.000 soldados y 3.000 piezas de artillería, mientras que Cartagena estaba defendida por 3.600 soldados y 6 navíos. Inglaterra estaba tan segura de su victoria que el rey inglés mandó acuñar monedas celebrando su triunfo, en las que se leía "la arrogancia española humillada por el almirante Vernon y los héroes británicos tomaron Cartagena, abril 1, 1741 ", en ellas aparecía Blas de Lezo representado de rodillas entregando su espada al almirante Vernon.

La victoria de las fuerzas españolas, al mando del teniente general de la Armada Blas de Lezo, prolongó la supremacía militar española en el Atlántico occidental hasta el siglo XIX.

Eran tiempos difíciles para España puesto que, en el siglo XVIII, estábamos involucrados en multitud de conflictos bélicos. En 1713, España había firmado de manera deshonrosa el Tratado de Utrecht, por el que perdía las posesiones continentales europeas; pero todavía quedaban las americanas y sus ciudades que se habían convertido en bastiones críticos para asegurar el comercio con América. Cartagena de Indias era principal ciudad, para los intereses españoles, en el continente americano. Una ciudad espléndidamente fortificada, donde los españoles darían muestra de su valentía y heroísmo en la guerra que pasó a la historia con el nombre de la Guerra de la Oreja de Jenkins.


¿Por qué el nombre de Oreja de Jenkins?

En las costas de Florida actuaba un pirata llamado Robert Jenkins, que fue interceptado por un guardacostas español, a las órdenes del capitán Juan de León Fandiño. Éste permitió seguir con vida al pirata y le amputó una oreja; y con la oreja del pirata en la mano, le dijo: “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. Como parte de una campaña de la oposición parlamentaria en contra del primer ministro Walpole, Jenkins compareció en la Cámara de los Comunes en 1738, denunciando el caso con su oreja en la mano. Como consecuencia Walpole se vio obligado a declarar la guerra a España el 23 de octubre de 1739; una oreja iba a provocar una guerra. Pero la verdad es que los ingleses encontraron la escusa para declararle la guerra a España ya que trataban de desplazar a España y ocupar su posición para controlar los mares atlánticos, arrebatándole las mejores posesiones americanas.

Para llevar a cabo esos objetivos, Inglaterra organizó un ejército formidable. Preparó y armó una magnífica flota con 195 navíos entre buques de guerra y transporte, la flota se puso rumbo a Cartagena de Indias, para tomarla al asalto. Entre las tropas inglesas estaba el hermanastro de Jorge Washington, el futuro presidente norteamericano, que dirigía un grupo de 4.000 milicianos americanos que iban a participara en la toma de la ciudad. Junto a los navíos, viajaban 11.000 soldados de asalto, 15.000 marineros, los 4.000 milicianos americanos y 2.000 negros jamaicanos, que constituirían la vanguardia. Los ingleses eran los mejores artilleros del momento e iban a atacar con lo mejor que tenía en su armada de guerra, en material y personal de asalto, estaba determinada a la victoria.


Blas de Lezo era el responsable de la defensa de la ciudad. Cartagena de Indias contaba con magníficas fortalezas y castillos que protegían la ciudad, aunque las fuerzas defensoras eran pocas, ya que Lezo disponía de 3.000 soldados del ejército regular español, reforzados con 600 arqueros indios del interior y unas 1.000 piezas de artillería. Para el desenlace final de la batalla, resultó decisiva la eficacia de los servicios de inteligencia españoles, que consiguieron infiltrar espías en la Corte Londinense y en el Cuartel General del almirante Vernon. El plan general inglés fue conocido de antemano en las Cortes Españolas y por Blas de Lezo. Se dispuso de tiempo suficiente para reaccionar y adelantarse a los acontecimientos.

El virrey Eslava, jefe político y militar del Virreinato, tenía confianza de que el almirante Torres llegaría a tiempo a Cartagena para atacar a Vernon por la retaguardia, pues la flota española estaba anclada en La Habana a la espera de la llegada de la flota inglesa. Pero Torres nunca llegó. Cartagena no se iba a rendir y Blas de Lezo se decidió por la resistencia a ultranza y organizó los recursos disponibles. Sabía que tenía pocos recursos, pero aún así pretendía resistir con todo lo que tenía. Los 6 navíos disponibles fueron hundidos por los españoles para impedir el movimiento de los barcos enemigos por la bocana del puerto. Antes de hundir los navíos, Blas de Lezo, ordenó desmontar los cañones de las 6 naves y situarlas estratégicamente rodeando la ciudad.

La flota inglesa estaba mandada por el vicealmirante Edward Vernon, que mandaba la Primera Escuadra; el contraalmirante Chaloner-Ogle, la Segunda; y el Capitán en jefe Lestock, la Tercera, y estaba compuesta por un navío de a 90 cañones, nueve de a 80. 32 de entre 60/70 cañones, 6 fragatas de 40/50 cañones, 6 fragatillas, 3 burlotes, 3 bombardas o paquebotes y 135 transportes.

La bahía de Cartagena está dividida en dos bahías naturales: la Bahía Exterior limitada por la península de Bocagrande, continente, y las islas de Tierrabomba, Barú y Manzanillo; y la Bahía Interior con el puerto colonial, cerrada también por Bocagrande, continente, y por las islas de Manzanillo y Manga. El 17 de marzo de 1640, naufragan en la Bocagrande la nave capitana y los galeones Buensuceso y Concepción, de la armada comandada por Rodrigo Lobo da Silva. Los cascos hundidos sirvieron de núcleo colector de arena lo que aceleró la formación de la barra, dificultando la navegación. A partir de 1640, las mareas profundizan de manera natural el canal de Bocachica cuyo fondo era de barro. Con un ligero dragado, los más pesados galeones y naves de guerra iniciaron su tránsito entre Barú y Tierrabomba, modificando radicalmente todo el sistema  defensivo de la bahía de Cartagena. En 1741, el canal de Bocachica sería el adecuado para los navíos de guerra ingleses de tres puentes.

El 13 de marzo de 1741 la imponente flota del almirante Edward Vernon llegaba a la bahía de Cartagena. Vernon ordenó las maniobras oportunas para que las naves inglesas se situaran de flanco frente a las defensas de Cartagena. El 15 llegan los primeros buques ingleses a Playa Grande y dos días después fondearon sobre la misma playa el resto de los navíos pertenecientes a las tres escuadras.



El 19 de marzo, los ingleses continúan estudiando el campo de operaciones. Algún pequeño intento de desembarco frustrado por la Boquilla sin relevancia. El día 20 toda la armada inglesa queda anclada en la Punta de Hicacos, muy cerca del puerto de Cartagena; donde estaban los buques españoles Dragón y el Conquistador que impedían el paso a la bahía interior de Cartagena por Bocagrande.

Ante la imposibilidad de entrar por Bocagrande, Lestock, con 12 navíos pone rumbo a Bocachica. En el trayecto, disparan contra la batería de Santiago que disponía de 11 cañones cuyo comandante, el capitán de fragata Lorenzo Alderete, también era el responsable de la batería de San Felipe de Bocachica, con 5 cañones. Fracasaron en su intento de romper el cerco de Bocachica y se mantuvieron disparando contra el castillo de San Felipe. Consiguen desembarcar 500 efectivos cerca de la batería de Santiago y el 21 desembarca el resto del contingente británico. Durante la noche del 20 al 21, los ingleses toman la batería de Varadero y con sus cañones disparan a la de Punta de Abanicos, los españoles se ven obligados a abandonar la batería, quedando Campuzano con un sargento y 11 soldados del regimiento de Aragón y dos artilleros.  Les responden con cañonazos los buques San Felipe y África, quedando retrasados en reserva el Galicia y el San Carlos.

El 3 de abril, 18 buques alineados frente a Bocachica inician un terrible bombardeo para romper las defensas de los castillos de San Luis y San José que cierran su paso a  la Bahía exterior. Knowles se dirige a la ensenada de Abanicos  para destruir definitivamente la resistencia de Campuzano, que finalmente tienen que retirarse con su escasa tropa al castillo de San José. Al día siguiente, la batería de Abanicos queda completamente destruida y Lestock vuelve al ataque contra el fuerte de San José y San Luis, que durante dos días reciben un intensísimo cañoneo. Las tres baterías del fuerte de San Luis quedaron desmanteladas y las playas desprotegidas para un desembarco. Las murallas, derrumbadas, y por la brecha abierta cargaron los ingleses a bayoneta calada desde tierra. Ante la imposibilidad de resistir, se tocó retirada y durante toda la noche continuó el desembarco enemigo.

La noche del 5 al 6 de abril, Blas de Lezo sitúa los buques Dragón y Conquistador entre los canales del Castillo Grande y Manzanillo con intención de hundirlos para impedir el paso de los navíos ingleses por la entrada de Bocagrande, se incendió el San Felipe, y se disparó desde el San Carlos nueve cañonazos al África para hundirle en la bocana de entrada. La situación empeoraba para los españoles, y el fuerte de San José fue evacuado al castillo Grande y posteriormente a Cartagena. El 11 de abril, los ingleses toman el castillo de Santa Cruz que previamente había sido abandonado.



Comienza el asedio de la ciudad a las 9 de la mañana del 13 de abril, con continuos bombardeos, al mismo tiempo, otra escuadra atacaba  al fuerte Manzanillo. La situación empezaba a ser desesperada para los españoles, iban pasado los días, y el cañoneo inglés no cesaba, intenso, continuo, repitiéndose mañana, tarde, noche, mañana... pero la moral de los españoles estaba a la altura de las defensas de la ciudad, manteniéndose intacta. La ciudad fue severamente castigada por la artillería inglesa, pero las defensas seguían soportando todo lo que les llegaba desde los barcos ingleses. Vernon había calculado que los españoles resistirían dos o tres días más, era imposible pensar que tan pocos pudieran resistir a tantos. Los españoles tenían orden de resistir hasta el final no se les permitía ni un paso atrás, habían clavado la bandera e iban a morir allí, defendiendo la ciudad hasta el final.

A las 4 de la mañana del 16 de abril Vernon, que había decidido tomar Cartagena de Indias al asalto, hizo que una fuerza de unos 10.000 hombres, compuesta por los macheteros jamaicanos, los milicianos americanos y las fuerzas regulares inglesas, desembarcara por la costa de Jefar. Pero las sucesivas avalanchas inglesas se encontraron con trincheras inexpugnables, repletas de mosquetes y bayonetas españolas, que a pesar de su corto número, parecían multiplicarse. El 17 de abril, la infantería británica, toman el alto de Popa, a un kilómetro del castillo de San Felipe, que era el auténtico baluarte español en el Caribe.

Ante estos acontecimientos, Blas de Lezo  tomó tres decisiones que serían decisivas para el desenlace final de la batalla. En primer lugar, mandó  excavar un foso en torno al castillo para que las escalas inglesas se quedasen cortas al intentar tomarlo; también ordenó cavar una trinchera en zigzag, para evitar que los cañones ingleses se acercasen demasiado; y por último, les envió dos “desertores” que engañaron y dirigieron a la tropa inglesa hasta un flanco de la muralla bien protegido, donde serían masacrados sin piedad.






Asalto definitivo al castillo de San Felipe de Barajas

Llegamos así a la noche del 19 al 20 de abril, tras  una potente  preparación artillera, Vernon intentó asaltar el castillo con unos 10.200 hombres de infantería, organizados en  tres columnas, apoyados por los negros macheteros  jamaicanos. En frente tenía la batería de San Lázaro de propio castillo de San Felipe y 1.000 hombres muy motivados. Cuando los ingleses llegaron a las murallas, la sorpresa fue mayúscula, comprobaron que sus escalas eran demasiado cortas y no podían escalarlas. Debido al peso del equipo, no podían avanzar ni retroceder, circunstancia que los españoles aprovecharon, abriendo fuego contra los británicos, produciéndose una carnicería sin precedentes, al amanecer, se encontraron con las bayonetas de unos trescientos soldados de los tercios españoles que saltaban sobre ellos desde sus trincheras. Fue una masacre.

Esto desmoralizó a los ingleses. El engreído Sir Andrew Vernon había sido incapaz de vencer a unos pocos harapientos españoles capitaneados por un anciano tuerto, manco y cojo. El pánico se apoderó de ellos, rompieron sus líneas de combate y huyeron despavoridos tras la última carga española hacia sus barcos para protegerse de la furia de la infantería de los tercios. Del 22 al 25 de abril, decrecieron los enfrentamientos. El 26 los ingleses volvieron a bombardear la ciudad, pero el 9 de mayo, Vernon asumió que era imposible tomar al asalto la fortaleza de Cartagena de Indias, ordenó la retirada, levantar el asedio y volver a Jamaica. Había fracasado estrepitosamente. Tan sólo acertó a pronunciar, entre dientes, una frase: “God damn you, Lezo!”.

Al partir, Vernon, se permitió enviar una carta a Lezo, con una velada amenaza: “Hemos decidido retirarnos, pero para volver pronto a esta plaza, después de reforzarnos en Jamaica”. A lo que Lezo respondió con ironía: “Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque esta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres.” Fueron tantas las bajas inglesas, que tuvieron que hundir numerosos barcos, allí mismo, no les quedaban suficientes marineros. Hasta el 20 de mayo estuvieron saliendo embarcaciones inglesas de Cartagena. El último en abandonar el sitio fue Lestock. De los 195 buques se contaron  en la retirada 186. Los ingleses tuvieron 9.500 muertos, 7.500 heridos, perdieron 1.500 cañones y 50 naves. En contra, los españoles sufrieron 800 muertos, 1.200 heridos y perdieron 6 naves. Los fuertes de Bocachica, Castillo Grande y Manzanillo quedaron totalmente destruidos. La mayor operación de la Royal Navy hasta el momento se saldó también como la mayor derrota de su historia.

A Inglaterra habían llegado noticias erróneas, asegurando que la victoria en Cartagena se había consumado. Vernon, había mandado un correo al rey inglés asegurando que había logrado la victoria, lo que generó una euforia en su país; aunque lo que consiguió en realidad fue la mayor y más humillante derrota de toda la historia de la Royal Navy. En vista de las “buenas noticias” enviadas por Vernon, el rey Jorge II ordenó se elaboraran medallas conmemorativas de la supuesta victoria. En las medallas se representaba a un Blas de Lezo, entero y completo con dos brazos, dos piernas, arrodillado ante Vernon. Hubo celebraciones y fiestas, hasta que llegó la verdadera noticia, anunciando la humillante derrota de Vernon ante Blas de Lezo; la realidad heló sus sonrisas.

Fue tal la humillación que el rey Jorge II ordenó a los historiadores ingleses no se escribiera nada de la derrota; y los historiadores ingleses son hegemónicos, lo que ellos no publican no existe. Y como los historiadores no escribieron nada sobre Cartagena de Indias, esta batalla fue injustamente ocultada para la historia. A su vuelta a Inglaterra, Vernon fue relevado de su cargo y expulsado de la Marina en 1746. A pesar de su profundo descrédito, a su muerte en 1757 se le enterró en la Abadía de Westminster, como si fuera un héroe más. La leyenda de su tumba reza : “He subdued Chagre, and at Carthagena conquered as far as naval forces could carry victory” ("Sometió a Charges y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria"). Por estas acciones militares recibió el agradecimiento de ambas Cámaras del Parlamento. Después de esto se retiró sin título. Recibió su recompensa, el amor y la estima de todos sus contemporáneos y generaciones posteriores.

Blas de Lezo corrió una suerte diferente, quedó muy mal herido por los combates de Cartagena de Indias, murió cinco meses más tarde víctima de las heridas del combate. Nadie sabe donde está enterrado, sus restos quedaron en una fosa común, por lo que su cuerpo no pudo ser enterrado en las condiciones que merecía, Blas de Lezo murió en Cartagena en septiembre de 1741. Murió sin el reconocimiento merecido y además denostado por su rey. Pasados 20 años, recibió la concesión de un título honorífico en la persona de su hijo. Tras 70 años se publicaron las primeras monografías sobre el ilustre marino, se colocó una placa en su casa de Pasajes, una escultura donada por el gobierno español, en Cartagena de Indias,  un busto en una calle de San Sebastián y se puso su nombre a una fragata de la Armada Española. Con el paso del tiempo se fue perdiendo su recuerdo para generaciones posteriores. Otro ejemplo de la gratitud de los españoles por los que lucharon y murieron por nuestro país. Increíble pero cierto, España le olvidó. Se le concedió a título póstumo el marquesado de Ovieco y después muchos navíos españoles llevaron su nombre.

Curiosidades del destino, aquel que les humilló fue a Londres para amargar un poco, en su orgullo a los ingleses, representado por la fragata F103 Blas de Lezo, participó en las celebraciones del 200 aniversario de la victoria de Trafalgar celebrada por los ingleses. Don Blas había resucitado de sus cenizas. En los locales de Cartagena, todavía se bromea cuando se nombra a don Blas de Lezo, agitando los puños cada vez que se menciona su nombre, diciendo: "¡Gracias a él, nosotros no hablamos inglés!".

La victoria aseguró el comercio con América 60 años más. Los ingleses nunca volvieron, ni a Cartagena ni a los puertos del Caribe, que siguieron siendo hispanos hasta que decidieron ser hispanoamericanos. Los mares del Caribe volvieron a convertirse en un lago español. Los españoles pudieron continuar enarbolando la bandera en la inmensidad del océano Atlántico. Inglaterra ya no volvió a amenazar seriamente al Imperio español. España, en cambio, contribuyó años más tarde, con Bernardo de Gálvez, al desmoronamiento de las colonias inglesas en América, cuestión también poco difundida. Pero esto ya es otra historia.




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