viernes, 27 de abril de 2018

El Renacimiento: Las obras reales: El Palacio de Carlos I en Granada


               Nada más dar por terminada la conquista de la ciudad por parte de los Reyes Católicos, la Alhambra fue destinada a fortaleza militar, estableciéndose en ella la Capitanía General de Granada. Los principales cometidos fueron la vigilancia de las costas y de la numerosa población de moriscos existente en la zona, a cargo del conde de  y marqués de Mondéjar, en quien había recaído el título de Capitán General.



               Bajo su supervisión se iniciaron reparaciones y obras en el recinto, para fortalecer el sistema defensivo, no olvidándose de acondicionarlo para residencia real. Los trabajos fueron realizados por alarifes procedentes de Sevilla y Zaragoza. Este proceso tuvo continuidad en años posteriores, debido al interés de los monarcas y del propio conde, por conservar, en el mejor estado posible, los antiguos palacios nazaríes. La misma preocupación caracterizó a la reina doña Juana, quién libró a tal efecto importantes sumas de dinero.

               En todas estas intervenciones se actuó con gran respeto con los elementos islámicos, destruyendo únicamente el mínimo necesario para la adaptación a las nuevas necesidades. Esta política, estrictamente conservacionista, va a adquirir nuevos rumbos con Carlos I.

               El emperador ya había mostrado en 1525, su interés por visitar Granada, si bien no vería cumplidos sus deseos hasta un año después, tras su boda en Sevilla con Isabel de Portugal. La ciudad acogió a la real pareja durante los meses de junio a noviembre de 1526, poniéndose entonces de manifiesto las carencias de la Alhambra como residencia regia. Es entonces cuando nace la idea de construir un nuevo palacio, junto a los ya existentes nazaríes, que supliera las deficiencias y expresara el poder del emperador.

               En este proceso desempeñó un papel fundamental el marqués de Mondéjar, ya que todo el proceso constructivo se haría bajo su supervisión. El palacio fue diseñado por Pedro Machuca, que era escudero de la Alhambra, es decir, servidor del marqués, cuya presencia junto a Jacobo Florentino y Alonso Berruguete, fue fundamental para la realización de las pinturas murales que adornarían el recinto elegido por los Reyes Católicos como panteón. Machaca, era pintor, hijodalgo natural de Toledo, que durante su estancia en Italia, en el entorno de Miguel Ángel, nació en el él un cierto interés por la arquitectura.



               Desde el comienzo de las obras se instaló, Pedro Machuca, en la Alhambra, en los aledaños del mexuar, zona que desde entonces recibió el nombre de Cuarto de Machuca, siendo de su competencia todas las directrices, recayendo las cuestiones cotidianas de la obra en Juan de Marquina, nombrado aparejador, tras sus trabajos en el Hospital Real y la Universidad.

               El proyecto definitivo fue enviado al emperador en 1542. El plano demuestra la envergadura del programa y, sobre todo, el nuevo sentido que se otorgaba a la Alhambra. Así, las habitaciones de Daraxa, enlazarían con el nuevo palacio. En torno al mismo se ubicarían dos plazas, ante las fachadas occidental y meridional, que permitirían la correcta visión de las portadas. Ambas plazas serian porticadas, dando entrada a dependencias para la tropa y a las caballerizas. En el sector del Cuarto de Machuca, se construyó una sala de fiestas, mientras que la zona del Patio de los Leones, se completaría con unas cocinas y un espacio destinado a iglesia. Así se establecían dos áreas claramente diferenciadas, una reservada a la corte y otra circunscrita a la vida íntima del monarca.

               Aunque el plano definitivo sea de 1542, las obras habían comenzado en 1533, efectuándose con gran rapidez. Las primeras actuaciones fueron levantar las fachadas norte y sur. Se labró de cantería la portada sur entre 1537 y 1538, iniciándose este último año, la cimentación de la capilla. El cuerpo superior de la portada meridional se levantaba en 1546, quedando inacabado por la muerte de Pedro Machuca en 1550. A la muerte de éste fue designado su hijo Luis, para sucederle.



               Luis abandonó el proyecto de su padre de articular el patio mediante pilastras, volviendo al proyecto inicial de emplear columnas. Se pensó que fueran de mármol blanco, pero en 1556 se labraron en pudinga. Entre 1561 y 1568 se trabajó en el entablamento y en la bóveda anular del patio, a la vez que se proseguía la portada oeste. El levantamiento de los moriscos en 1568, ocasionó el cese de los ingresos y su consiguiente paralización. Durante el periodo en que estuvo parada la obra, falleció Luis Machuca, sucediéndole Juan de Orea.

               En 1580 Felipe II quiere reanudar las obras, para ello pide un informe a Juan de Orea, sobre el estado de las obras. Sobre este informe, Juan de Herrera realizará una serie de modificaciones. Reiniciándose las obras en 1584, bajo la dirección de Juan de Minjares, en la portada oeste, concluyéndose el zaguán correspondiente en 1595. La obra aún prosiguió a comienzos de la centuria siguiente, ahora bajo la dirección de Juan de la Vega, Pedro Velasco, Francisco de Potes y Bartolomé Fernández Lechuga, aunque no llego a concluirse. Tampoco se completó en el siglo XVIII, a pesar de los buenos propósitos.

               La fachada del palacio, está dividida en dos cuerpos, meridional y occidental. En el piso bajo, excepto en el frente norte, se emplean pilastras toscanas y sillares almohadillados, labrados a la rústica. El piso alto presenta pilastras de orden jónico. Entre las pilastras de ambos cuerpos hay dos hileras de ventanas, rectangulares las bajas y circulares las altas. La planta inferior está ornamentada con aldabas de bronce, con cabezas de león y de águila. Mientras el cuerpo superior se decora con relieves, con los símbolos de la Orden del Toisón de Oro y columnas con el Plus Ultra.

               La idea de organizar dos plazas porticadas, con fines ceremoniales, ante las fachadas meridional y occidental del palacio, determinaron la presencia de sendas portadas monumentales, ejecutadas en mármol y separadas de la línea de los muros, que sirven para ensalzar las hazañas del emperador, debidas a Antonio de Leval, con la intervención, también, de Juan de Orea.

               El interior del palacio sorprende por su extraordinario patio circular, el uso de los órdenes dórico-toscano abajo y jónico arriba, logran una sensación de majestuosidad. Tras la columnata, se desarrolla el muro, abierto en relación con las fachadas a cuatro zaguanes. El más destacado es el del flanco oriental, con forma elíptica. La amplia galería inferior nos muestra una singular bóveda anular de magistral estereotomía.

               La forma en que se ha combinado el cuadrado y el círculo, en este palacio, con los contrastes que ello ocasiona, ha sido considerada totalmente ajena a la impasible serenidad de los edificios del Renacimiento, siendo encuadrado el palacio como una temprana obra manierista. Ta sólo las fachadas, con su rusticado inferior, parecen adaptarse a la línea clásica.



               El programa simbólico del palacio, se gesto en tiempos de Machuca, es un completo discurso dirigido, no sólo, a la ciudad, sino a todo el imperio. Fue considerado como la Casa del Emperador de Occidente, llamado Carlos de Europa y Señor del Mundo.

               Complementaria y anterior a la construcción del palacio fue la intervención en el conjunto nazarí. Además de algunas obras en el Cuarto Dorado, Comares y Patio de los Leones, hay que destacar las realizadas en la zona de Daraxa, donde se construyeron, con diseño de Luis de Vega, entre 1528 y 1533, una serie de cámaras y aposentos, abiertas al Albaicín y al patio interior. Frente a ello en la Torre del Peinador, se realizó un importante programa pictórico, obra de los italianos Julio Aquiles y Alejandro Mainer, tendentes a ensalzar la gloria militar de Carlos I.

               No pueden ignorarse otras actuaciones en la Alhambra, como el nuevo acceso que se da al recinto con la Puerta de las Granadas, una estructura tripartita con un arco central y dos laterales. El segundo elemento es el Pilar de Carlos V, diseñado por Pedro Machuca y realizado por Niccolo da Corte en 1543. La construcción de este Pilar y la Puerta de las Granadas, sirvió para considerar a la Alhambra como una microciudad, dentro de la gran ciudad. Una microciudad que exhibía, los principios de la nueva arquitectura, convirtiéndose en ejemplo de futuros programas de renovación urbana. Consecuencia de ello, en muchas ciudades españolas a lo largo del siglo XVI, se transformaron antiguas puertas medievales, y se construyeron fuentes, destinadas no sólo al abastecimiento, sino también al ornato público.


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