viernes, 20 de abril de 2018

El Renacimiento: Arte Renacentista

        
Arte Renacentista: En este clima cultural de renovación, que paradójicamente buscaba sus modelos en la Antigüedad Clásica, surgió a principios del siglo XV un renacimiento artístico en Italia, de empuje extraordinario, que se extendería de inmediato a otros países de Europa.
Leonardo da Vinci

El artista toma conciencia de individuo con valor y personalidad propios, se ve atraído por el saber y comienza a estudiar los modelos de la antigüedad clásica a la vez que investigaba nuevas técnicas, por ejemplo el claroscuro en la Pintura. Se desarrollan enormemente las formas de representar la perspectiva y el mundo natural con fidelidad; se interesan especialmente en la anatomía humana y las técnicas de construcción arquitectónica. El paradigma de esta nueva actitud es Leonardo da Vinci, personalidad eminentemente renacentista, quien dominó distintas ramas del saber; del mismo modo, Miguel Ángel Buanorroti, Rafael Sanzio, Sandro Botticelli y Bramante fueron artistas conmovidos por la imagen de la Antigüedad y preocupados por desarrollar nuevas técnicas escultóricas, pictóricas y arquitectónicas, así como por la música, la poesía y la nueva sensibilidad humanística.

Miguel Ángel

Mientras surgía en Florencia el arte del Quattrocento o primer Renacimiento italiano, así llamado por desarrollarse durante los años de 1400, gracias a la búsqueda de los cánones de belleza de la antigüedad y de las bases científicas el arte, se produjo un fenómeno parecido y simultáneo en Flandes, especialmente en pintura, basado principalmente en la observación de la vida y la naturaleza. El Quattrocento es uno de los períodos más importantes del panorama artístico europeo. Aparece la figura del artista-creador en detrimento del anonimato. Surge el taller del maestro, que es quien recibe los encargos de los clientes. Este hecho podría considerarse como el nacimiento de la categoría de autor. El hombre es la obra más perfecta de Dios. Se pinta la figura humana independientemente de lo que represente.


Rafael Sanzio
En este arte evolucionan técnicas de pintura, se afianza el retrato como género autónomo. Se aprecia el interés por el desnudo, procedente del arte clásico, y se consigue la perspectiva; en escultura se vuelve a la imitación de la clásica griega y romana, y con respecto a la arquitectura hay un retorno a las líneas del arte griego y romano. En general este arte es de líneas más puras que su predecesor europeo, el gótico, siendo de menor tamaño y simplicidad. Son sus principales representantes Brunelleschi en arquitectura, Donatello y Ghiberti en escultura y Botticelli y Fra Angélico, Masaccio y Piero della Francesca en pintura.

Un factor que coadyuvó enormemente al éxito de las nuevas teorías artísticas fue el mecenazgo, tanto de ciudades como de personajes provenientes de la aristocracia, el clero, y la nueva burguesía. El patronazgo de la cultura era una señal de poder y estatus social, que otorgaba a quien lo ejercía prestigio y ostentación frente a sus semejantes. Algunos de los mecenas más distinguidos fueron: el florentino Lorenzo de Médicis, el Magnífico; Federico da Montefeltro, duque de Urbino; Ludovico Gonzaga, marqués de Mantua; Alfonso el Magnánimo, rey de Nápoles; Francesco y Ludovico Sforza, duques de Milán; además de los papas y cardenales de la Iglesia.
Sandro Botticcelli


La segunda fase del Renacimiento, o Cinquecento (siglo XVI), se caracterizó por la hegemonía artística de Roma, cuyos papas Julio II, León X, Clemente VII y Pablo III, algunos de ellos pertenecientes a la familia florentina de los Médici, apoyaron fervorosamente el desarrollo de las artes, así como la investigación de la Antigüedad Clásica. Sin embargo, con las guerras de Italia muchos de estos artistas, o sus seguidores, emigraron y profundizaron la propagación de los principios renacentistas por toda Europa Occidental.

Se caracteriza intelectualmente por el paso del teocentrismo medieval al antropocentrismo humanista de la Edad Moderna; y estilísticamente por la búsqueda de las formas artísticas de la antigüedad clásica y la imitación (mímesis) de la naturaleza. Comprende dos fases: comienza con el denominado Alto Renacimiento (finales del siglo XV y primeras décadas del s. XVI), y termina con el denominado Bajo Renacimiento o Manierismo.

De entre los muchos artistas que trabajaron durante el Cinquecento, destacan los siguientes: en Italia, Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Ángel en pintura (éste último también en escultura), Bramante en arquitectura; en Alemania. Los pintores Alberto Durero y Lucas Cranach; en España, Berruguete, Juan de Juanes y otros muchos, para culminar con El Greco.

Durante la segunda mitad del siglo XVI empezó la decadencia del Renacimiento, que cayó en un rígido formalismo, y tras el Manierismo dejó paso al Barroco.

Literatura: La literatura renacentista se desarrolló en torno al humanismo, la teoría que destacaba el papel primordial del ser humano sobre cualquier otra consideración, especialmente la religiosa. El mundo de las letras recibió un gran impulso con la invención de la imprenta por Gutenberg, hecho que propició el acceso a la literatura por un público más mayoritario, surgieron los primeros sistemas de gramática en lenguas vernáculas, como la española de Elio Antonio de Nebrija, a la vez que aparecían las primeras academias de lenguas nacionales.


Fra Angélico
La nueva literatura se inspiró, como el arte, en la tradición grecolatina, aunque recibió una gran influencia de la filosofía neoplatónica. Refleja el nuevo ideal de hombre renacentista, que se ejemplifica en la figura del “cortesano” definida por Baldassare Castiglione: debía de dominar las armas y las letras por igual, y tener «buena gracia» o naturalidad sin artificio.

En Italia, perduraban aún los ecos de tres grandes autores medievales considerados precursores del nuevo movimiento: Dante, Petrarca y Boccaccio. Entre los literatos surgidos conviene destacar a: Ángelo Poliziano, Matteo Maria Boiardo, Ludovico Ariosto, Jacopo Sannazaro, Pietro Bembo, Baldassare Castiglione, Torquato Tasso, Nicolás Maquiavelo y Pietro Aretino. Su influencia llegó a Francia, donde destacaron François Rabelais, Pierre de Ronsard, Michel de Montaigne y Joachim du Bellay. Mientras en Alemania, la reforma protestante impuso una mayor austeridad y una temática religiosa, cultivada por Ulrich von Hutten, Sebastián Brant y Hans Sachs. En Inglaterra, cabe citar a Tomás Moro, Edmund Spenser, Michael Drayton, Henry Constable, George Chapman, Henry Howard y Thomas Wyatt. En Portugal se halla la figura predominante de Luís de Camões.


Tomás Moro
En España comenzó una edad dorada de las letras, que se prolongaría hasta el siglo xvii: la poesía, influida por el stil nuovo, contó con las figuras de Garcilaso de la Vega, fray Luis de León, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús; en prosa surgieron los libros de caballería como Amadís de Gaula y se inició el género de la picaresca con el Lazarillo de Tormes, mientras que despuntó la obra de Miguel de Cervantes, el gran genio de las letras españolas, autor del inmortal Don Quijote.


San Juan de la Cruz
Teatro: El teatro renacentista acusó el paso del teocentrismo al antropocentrismo, con obras más naturalistas. Surgió la reglamentación basada en tres unidades: acción, espacio y tiempo, basándose en la Poética de Aristóteles, teoría introducida por Lodovico Castelvetro. Hacia 1520 surgió en el norte de Italia la Commedia dell'arte, con textos improvisados, predominando la mímica con personajes arquetípicos como Arlequín, Colombina, Pulcinella, Pierrot, Pantalone, Pagliaccio, etc. Como principales dramaturgos destacaron Niccolò Machiavelli, Pietro Aretino, Bartolomé Torres Naharro, Lope de Rueda y Fernando de Rojas, con su gran obra La Celestina. En Inglaterra descolló el teatro isabelino, con autores como Christopher Marlowe, Ben Jonson, Thomas Kyd y, especialmente, William Shakespeare. ​


Santa Teresa de Jesús
Música: La música renacentista supuso la consagración de la polifonía y el afianzamiento de la música instrumental, que iría evolucionando hacia la orquesta moderna. Apareció el madrigal género profano que sería la máxima expresión de la música renacentista. En 1498 Ottaviano Petrucci ideó el pentagrama, con lo que se empezó a editar música. En Flandes se desarrolló la polifonía “a la flamenca”, cultivada por Guillaume Dufay, Johannes Ockeghem y Josquin des Prés. También cultivaron el madrigal Orlandus Lassus, Luca Marenzio, Carlo Gesualdo, Claudio Monteverdi, Cristóbal de Morales y Tomás Luis de Victoria, mientras que en polifonía religiosa destacó Giovanni Pierluigi da Palestrina. En música instrumental descolló Giovanni Gabrieli. ​

El propio Lutero defendía la importancia de la música en la liturgia religiosa. Se cultivó especialmente el coral, un género musical a capella o con acompañamiento instrumental, generalmente a cuatro voces mixtas. Algunos de los compositores que lo cultivaron fueron Johann Walther y Valentin Bapst.

A finales del siglo xvi nació la ópera, iniciativa en la Camerata Fiorentina que, al descubrir que el teatro griego antiguo era cantado, musicalizaron textos dramáticos. La primera ópera fue Dafne, de Jacopo Peri, a la que siguió Euridice, del mismo autor; en 1602 Giulio Caccini escribió otra Euridice; y, en 1607, Claudio Monteverdi compuso La favola d'Orfeo, donde añadió una introducción musical que denominó sinfonía, y dividió las estructuras cantadas en arias.

Danza: La danza renacentista tuvo una gran revitalización, debida al papel preponderante del ser humano sobre la religión, muchos autores consideran esta época el nacimiento de la danza moderna. Se desarrolló sobre todo en Francia, ballet-comique, historias bailadas, sobre textos mitológicos clásicos, impulsado por la reina Catalina de Médicis. El primer ballet fue el Ballet comique de la Reine Louise, en 1581, de Balthazar de Beaujoyeulx. Las principales modalidades eran la gallarda, la pavana y el tourdion. Surgieron los primeros tratados sobre danza: Domenico da Piacenza escribió De arte saltandi et choreas ducendi, siendo considerado el primer coreógrafo de la historia; Thoinot Arbeau hizo una recopilación de danzas populares francesas: Orchesographie.​

Filosofía: La filosofía renacentista estuvo marcada por el declive de la teología, en un mundo abocado a la modernidad, que circunscribe la religión al ámbito espiritual y personal del individuo. La nueva forma de afrontar los problemas del ser humano será el racionalismo.​ Aun así, la religión siguió presente, aunque derivó de la teología escolástica hacia el misticismo, como se percibe en la obra de Jan van Ruysbroek, Dionisio Cartujano y Tomás de Kempis.

La nueva corriente será el humanismo, más interesado en el hombre y la naturaleza que en las cuestiones divinas y espirituales. El naturalismo impregna la ciencia natural, el derecho natural, la moral natural e, incluso, la religión natural, una religión que abandona todo lo sobrenatural para ser fiel reflejo de la posición del ser humano en el mundo. El humanismo se fundamenta, en la oposición a lo medieval y el retorno a la antigüedad clásica, buena parte de la filosofía renacentista evoluciona en una línea que llega hasta Descartes. Aun así, numerosos humanistas despreciaron el aristotelismo escolástico por ser excesivamente teologizado, y abordaron a Platón desde la obra de sus seguidores posteriores, el llamado neoplatonismo, especialmente desde el terreno de la filosofía estoica que, como la renacentista, incidía en el ser humano como medida de todas las cosas.​

El pensamiento humanístico nació en Italia, en torno a la Academia Platónica Florentina patrocinada por Cosme de Médici, con pensadores como Marsilio Ficino, Giovanni Pico della Mirandola, Cristoforo Landino, Ángelo Poliziano o Benedetto Varchi. Otros se encaminaron más hacia la política, como Nicolás Maquiavelo, Leonardo Da Vinci y Bernardino Telesio.​ En Francia, el humanismo tuvo un componente más escéptico, representado por Michel de Montaigne o Pierre Charron, mientras que algunas figuras se adhirieron a la reforma protestante, como Pierre de la Ramée o Henri Estienne.​ En Inglaterra destacó la figura de Tomás Moro, canciller de Enrique VIII, quien lo decapitó por oponerse a la reforma anglicana; autor de Utopía, un esbozo de estado ideal de reminiscencias platónicas. Pero el más afamado humanista surgió en Holanda: Erasmo de Róterdam, autor del Elogio de la locura.​

En Alemania no recaló tanto el humanismo como en otros países europeos, y la filosofía se encaminó más a la mística especulativa, heredera del Maestro Eckhart; otras figuras mezclaron esta tendencia con las ciencias naturales o la alquimia y la astrología, como Agrippa von Nettesheim o Paracelso. Por otro lado, la Reforma protestante contó con figuras como Martín Lutero, Zwinglio, Philipp Melanchthon, Sebastian Franck y Jakob Böhme. ​

En España el pensamiento filosófico no rompió con el pasado medieval, mostrando un especial interés por la lingüística, tanto clásica como vernácula: Antonio de Nebrija, Benito Arias Montano. La corriente escéptica estuvo representada por Francisco Sánchez, mientras que el humanismo antiescolástico, contó con la figura de Juan Luis Vives, preocupado por la moral y la educación. Una reacción escolástica estuvo originada por la Contrarreforma tridentina que revivió el misticismo y contó con figuras como santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz.

Además del humanismo hay otras corrientes de pensamiento que convergerán en la filosofía cartesiana y en los fundamentos de la filosofía moderna: una es heredera pensamiento medieval, representado por Nicolás de Cusa o por la escolástica española; otra, más preocupada por la naturaleza, dará origen a la ciencia física moderna.​ Nicolás de Cusa, cardenal y obispo de Bresanona, intentó conciliar la doctrina católica con la teoría
Galileo Galilei
platónica, a través de una noción de Dios infinito y trascendente en el que se aglutinan la verdad y la realidad, De docta ignorantia.​ La escolástica española estuvo muy ligada a la Contrarreforma, y se asoció especialmente con los jesuitas, estuvo representada por Francisco de Vitoria, Alfonso Salmerón, Luis de Molina y, especialmente, Francisco Suárez.​ El estudio de la naturaleza dio en el terreno filosófico la relevante figura de Giordano Bruno, autor de una doctrina panteísta por la que fue quemado por hereje.​ También influyeron en la filosofía las nuevas teorías científicas de Nicolás Copérnico, Johannes Kepler y Galileo Galilei.

Ciencia: Durante el Renacimiento la ciencia cobró un gran auge, favorecida por la invención de la imprenta y por los viajes y descubrimientos geográficos. Las ciencias naturales, fundamentadas en la metafísica nominalista, evolucionan por dos factores esenciales: la idea de la naturaleza y el método físico, que se fundamenta en el empirismo, basado en el “análisis de la naturaleza”. Uno de los principales teóricos de la nueva ciencia fue el filósofo inglés Francis Bacon, padre del empirismo filosófico y científico; su principal obra, Novum organum, presenta la ciencia como técnica, experimental e inductiva, capaz de dar al ser humano el dominio sobre la naturaleza.

Una de las disciplinas científicas que más se desarrolló en esta época fue la astronomía, gracias especialmente a la figura de Nicolás Copérnico: fue el difusor de la teoría heliocéntrica —los planetas giran alrededor del Sol— frente a la geocéntrica admitida en la Edad Media —la Tierra es el centro del universo—. Expuso esta teoría, basada en la de
Nicolás Copernico
Aristarco de Samos, en su obra De revolutionibus orbium coelestium. Este sistema fue posteriormente desarrollado por Johannes Kepler, quien describió el movimiento de los planetas conforme a órbitas elípticas. Por último, Galileo Galilei que formuló los principios modernos del conocimiento científico, por lo que fue procesado por la Inquisición y obligado a retractarse; sin embargo, está considerado por ello el fundador de la física moderna. Otro astrónomo destacado de este período fue Tycho Brahe, creador del observatorio de Uraniborg. También destacar que en 1582 el papa Gregorio XIII introdujo el calendario gregoriano, que sustituyó al anterior calendario juliano. Las matemáticas también avanzaron notablemente en esta época: Christoph Rudolff desarrolló la utilización de las fracciones decimales; Regiomontano estudió la trigonometría esférica y rectilínea; los italianos Gerolamo Cardano y Lodovico Ferrari resolvieron las ecuaciones de tercer y cuarto grado, respectivamente; otro italiano, Tartaglia, utilizó el triángulo aritmético para calcular los coeficientes de un binomio; Rafael Bombelli estudió los números imaginarios; François Viète efectuó importantes avances en trigonometría, y creó el simbolismo algebraico; Simón Stevin estudió las primeras tablas de intereses, resolvió el problema de la composición de fuerzas y sistematizó las fracciones decimales.

En ciencias naturales y medicina también hubo importantes avances: Andrés Vesalio publicó un compendio de anatomía con ilustraciones, considerado uno de los más influyentes libros científicos de todos los tiempos; Bartolomeo Eustachio descubrió las cápsulas suprarrenales; Ambroise Paré inició la cirugía moderna; Conrad von Gesner inauguró la zoología moderna; Miguel Servet describió la circulación pulmonar, y William Harvey la de la sangre; Gabriele Falloppio estudió la estructura interna del oído; Ulisse Aldrovandi creó el primer jardín botánico en Bolonia; Bernard Palissy fundamentó la paleogeografía; Caspar Bauhin introdujo un primer método de clasificación de las plantas; y Zacharias Janssen inventó el microscopio en 1590.

También avanzó notablemente la geografía y la cartografía, gracias a los numerosos descubrimientos realizados. Destacaremos al flamenco Gerardus Mercator, autor del primer mapa del mundo en 1538 y descubridor de un método de posicionamiento sobre un mapa, del rumbo dado por una aguja imantada.

En el terreno de la química, hubo escasos avances: Georgius Agricola fundó la mineralogía moderna; Paracelso aplicó la alquimia a la medicina, estudiando las propiedades de los minerales como fármacos, durante sus investigaciones descubrió el cinc; Andreas Libavius escribió el primer tratado sobre química, Alchimia, en 1597, e introdujo diversos preparados químicos, como el ácido clorhídrico, el tetracloruro de estaño y el sulfato amónico, así como la preparación del agua regia.

Por último, conviene citar la figura polifacética de Leonardo da Vinci, ejemplo del hombre renacentista interesado en todas las materias tanto artísticas como científicas.


El Greco

Vida y costumbres: Con el Renacimiento y su cultura más humanista e individualista, así como el despegue económico, unido a los avances tecnológicos, se desarrollaron notablemente todos los aspectos relacionados con el aspecto individual y el cuidado personal, como la peluquería y la moda. La peluquería sufrió una profunda transformación. Se puso de moda la depilación de las cejas, así como de la frente. Aumentó el gusto por el teñido, siendo el rubio el color preferido. Por lo general, los peinados incluían un tocado, con cinco tipos principales: las tocas, las cofias o albanegas, los bonetes, los rollos y los sombreros. Desde el siglo xvi los peinados, especialmente los femeninos, fueron ganando en complejidad, con sofisticadas estructuras de rizos, encajes, cintas y muselinas. ​

En el Renacimiento surgió el concepto de moda tal como lo entendemos hoy: se introdujeron nuevos géneros y la costura adquirió un alto grado de profesionalización. En Italia aparecieron los trajes más ricos y espectaculares de la historia, de vivos colores y formas imaginativas y originales, con finos bordados y rica pasamanería. En el siglo xvi el calzón corto era a modo de bombacho, y continuó usándose el jubón medieval, junto a capas de diverso tipo y adornos como la gorguera. En el atuendo femenino apareció el corsé, sobre una falda en forma de campana llamada crinolina, hecha de tela y crin de caballo, y reforzada con aros metálicos.

También cobró una especial relevancia la gastronomía, que llegó a altas cotas de refinamiento y sofisticación. La cocina veneciana, gracias a su comercio con Oriente favoreció la importación de especias: pimienta, mostaza, azafrán, nuez moscada, clavo, canela, etc. Otro factor determinante fue el descubrimiento de América, de donde llegaron nuevos alimentos como el maíz, la patata, el tomate, el cacao, los frijoles, el cacahuete, el pimiento, la vainilla, la piña, el aguacate, el mango o el tabaco.



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