martes, 13 de marzo de 2018

Las Guerras Carlistas: Segunda Guerra, Capítulo Segundo

Insurrecciones continuas, guerra, final y consecuencias




Los intentos de insurrección habían comenzado en 1869, en el centro de España y en Levante, pero fracasaron en el país vasconavarro y Cataluña. Con la llegada de don Carlos se desencadenó un nuevo alzamiento en abril de 1872 en Navarra, País Vasco y Cataluña. Don Carlos ordenó a los diputados de la Comunión que abandonaran el Parlamento, y al grito de ¡Abajo el extranjero!, refiriéndose al rey Amadeo de Saboya, comenzó el levantamiento, dirigiendo las operaciones el general Eustaquio Díaz de Rada. El 4 de mayo el general gubernamental Domingo Moriones derrotó a los sublevados en Oroquieta (Navarra). De nuevo don Carlos tuvo que traspasar la frontera.


Tras un acuerdo de perfiles entre la Diputación a Guerra carlista de Vizcaya y el general Francisco Serrano, jefe de las fuerzas gubernamentales, firmado en Amorebieta el 24 de mayo, se detuvieron, momentáneamente las hostilidades. La guerra se reabrió a finales de 1872, recrudeciéndose en pleno desbarajuste de la Primera República. Los guerrilleros volvieron a florecer, y uno alcanzó la fama, fue el cura Santa Cruz (Manuel Ignacio Santa Cruz Loidi), en Guipúzcoa. 

La primera batalla ganada por los carlistas en el Norte, fue la de Eraul en mayo de 1873. Don Carlos regresó en el verano, estableciéndose en Durango o Estella. En Cataluña Savalls ganó la batalla de Alpens, el 9 de julio al general Cabrinetty, facilitando el control de la Cataluña central. Alfonso de Borbón se incorporó a la dirección del ejército de Cataluña, pero las diferencias con Savalls, le harían salir de España. En Aragón y el centro el mando recayó en Manuel Marco, Marco de Bello.

Tanto en el Norte, Aragón y Cataluña, el carlismo progresó imparable, hasta controlar las provincias vascas y Navarra, a excepción de las capitales. En estas condiciones, los carlistas volvieron a intentar apoderarse de Bilbao en diciembre de 1873. Los carlistas llegaron a tener sitiada la ciudad, defendida por el general Ignacio del Castillo, dando lugar a dos batallas de Somorrostro en febrero y marzo de 1874, adversas a los gubernamentales. El nuevo mando del general Gutiérrez de la Concha, marqués del Duero, en una situación política más tranquila, durante la presidencia de la República por el general Serrano, modificó la situación, y obligó a los carlistas a levantar el sitio en mayo de 1874.

El general Gutiérrez de la Concha, animado, intentó el ataque a Estella, pero la batalla de Abárzuza entre el 25 y el 27 de julio, fue un fiasco liberal, que costó la vida a su general en jefe. El general Torcuato Mendiry, tomó el mando del ejército carlista, fracasando en la toma de Irún.



En diciembre, el general Martinez Campos se pronuncia en Sagunto, y el rey Alfonso XII, accedía al trono el 1 de enero de 1875, con Antonio Cánovas del Castillo presidiendo el Gobierno. La nueva monarquía aumentó, considerablemente, los recursos para la guerra, tanto militares como políticos. Un nuevo intento para controlar Navarra, se dirigió de nuevo a Estella, estando entre sus tropas Alfonso XII. Los carlistas vencieron en la batalla de Lácar, obligando a la retirada del propio rey.

A lo largo de 1875, fue acabando la guerra en las regiones del centro y Cataluña. Dorregaray, que mandaba en el centro, tuvo que replegarse hacia Cataluña. Cayó Seo de Urgel, donde estaba el obispo Caixal, y la guerra concluyó en noviembre de 1875. El conflicto se concentró, a partir de entonces, en el escenario del Norte, siendo la última plaza carlista caída Estella, todo un símbolo.

Durante esta Segunda Guerra Carlista, don Carlos creó una estructura estatal en el escenario vasconavarro. La inestabilidad des Estado central, facilitó esta tarea. El carlismo reclutó combatientes, impuso y cobró impuestos, ejerció una eficaz administración, impartió justicia y hasta emprendió una política cultural como refleja la puesta en marcha de la Universidad de Oñate. Carlos VII demostró que tenia mas cualidades políticas que ninguno de sus antecesores. Y hasta sus palabras al cruzar la frontera por Arneguy, en febrero de 1876, han contribuido a mantener su imagen mitológica, más allá de la cruda realidad. "¡Volveré!", fue la última expresión de don Carlos al abandonar España definitivamente. 

En los últimos días de febrero de 1876, Carlos VII, cruzó la frontera hispanofrancesa. Esto marcaba el final de la Segunda Guerra Carlistas. El carlismo había sido, de nuevo, derrotado en los campos de batalla. Antes, desde mediados de 1875, tras la caída de Cataluña, los carlistas habían comenzado a cruzar los Pirineos. La situación era muy precaria a pesar de los esfuerzos de la Administración francesa; algunos soldados regresaron, otros se instalaron definitivamente en Francia o en otros países europeos.



Tras la derrota, las estructuras habían sido totalmente desmanteladas. El 30 de marzo de 1876, don Carlos, nombró una Junta presidida por el marqués de Valdespina, pero este organismo fue totalmente inoperante; habría que esperar hasta 1879, con el nombramiento de Cándido Nocedal. La delegación de éste fue muy agitada, siendo los conflictos la nota dominante.

A finales de 1881, se observa un cambio de actitud del pretendiente con Nocedal y su modo de dirigir el partido, que además contaba con la oposición del marqués de Cerralbo, pese al renovado apoyo de don Carlos, basado en el principio de autoridad. Siguieron las discrepancias con Cerralbo, y Nocedal presentó la renuncia; aunque murió días después, el 19 de julio de 1885. Don Carlos tomó la decisión de asumir la dirección del partido.

La muerte sin aparente sucesión de Alfonso XII, a finales de noviembre, ofreció a los carlistas esperanzas de cambio, aunque el nacimiento póstumo de Alfonso XIII y los primeros pasos firmes de la regencia de María Cristina, los truncaron prontamente. Don Carlos se convenció de la necesidad de un viraje en la política del partido. A principios de 1888, el partido se encontraba en un avanzado estado de descomposición. Ante semejante situación, el pretendiente acudió a Luis M. de Llauder, para que redactara un documento que fijara sus ideas: El pensamiento del duque de Madrid. La resistencia de los nocedalistas, generaron todo tipo de conflictos. La escisión se consumó en julio de 1888.



Los primeros intentos de reorganizarse, datan de la segunda mitad de 1888, cuando aparece en Madrid el diario El Correo Español, que desempeñaría un papel clave en la revitalización carlista. Los esfuerzos del marqués de Cerralbo se vieron compensados con el nombramiento, en abril de 1890, como representante en España de Carlos VII.

La organización carlista estaba formada a principios de 1892 por 13 Juntas Regionales, 37 Provinciales, 533 de Distrito y Locales, 80 Círculos, 726 Alcaldes y Regidores, 2 Senadores, 4 Diputados a Cortes y 15 Provinciales. Cuatro años después, en 1896, momento álgido de la experiencia cerralbista, eran ya, en España, 2.462 Juntas y 307 Círculos Tradicionalistas. En las Elecciones Legislativas de 1891, el carlismo consiguió 5 Diputados, 7 en 1893, 10 en 1896, 6 en 1898 y solo 2 en 1899. A finales de éste año, algunos carlistas catalanes empezaron a preparar un levantamiento, al margen de la jerarquía. En diciembre de 1899, el marqués de Cerralbo fue cesado.

El partido siguió concurriendo a las elecciones municipales, provinciales y generales. En 1901 obtuvo 6 actas al Congreso, parecidos resultados en 1903, mientras que en 1905 fueron solamente 4. Las elecciones de 1907 arrojaron excelentes resultados para la formación de don Carlos, obteniendo 14 escaños. El principal bastión del carlismo continuó siendo el país vasconavarro.


Yo me pregunto si hubo una Tercera Guerra Carlista. ¿Podríamos considerar la guerra civil de 1936-1939, como una nueva Guerra Carlista? Intentaré analizar esto en el próximo capítulo.








          

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