martes, 6 de marzo de 2018

PRIMERA GUERRA CARLISTA: Capítulo Segundo


Entre la muerte de Zumalacárregui y la expedición realista de mayo de 1837, hubo un equilibrio de fuerzas en el país vasconavarro y un dominio carlista en Cataluña y Valencia. Los movimientos revolucionarios contra el conde de Toreno, de julio de 1835, con atisbos anticlericales, antiindustrialistas y constitucionalistas, abrieron el camino al desarrollo del fenómeno miliciano-juntero. El gobierno Mendizábal que llegó al poder el 14 de septiembre, se propuso, finalizar la guerra movilizando todos los recursos nacionales, y la consolidación del Estado Liberal.


Luis Fernández de Córdova, asumió el mando del ejército gubernamental el 3 de julio de 1835, trasladando la guerra a Navarra. La batalla de Mendigaría el 15 de julio, demostró a los carlistas la imposibilidad de marchar sobre Madrid, y dio a Mendizábal el tiempo preciso para acopiar recursos, aunque las diferencias de éste con la reina gobernadora, a causa del relevo de varios mandos militares, provocó su dimisión. De mayor gravedad fue el “motín de los sargentos” en La Granja el 12 de agosto, que obligó a la reina a restablecer la Constitución de 1812.

Luis Fernández de Cordova

Mientras tanto, en el frente de Aragón y el Maestrazgo, la ejecución del cabecilla carlista Carnicer, llevó al mando a Ramón Cabrera, nombrado comandante del Bajo Aragón el 25 de octubre de 1835. Meses más tarde, tras la victoria carlista en Tortosa, las represalias alimentadas por Cabrera y el general cristino Agustín Nogueras, llevaron a éste a mandar fusilar a la madre de Cabrera el 16 de febrero.

Ramón Cabrera
En el frente vasconavarro, los intentos frustrados de conquistar Bilbao entre octubre y noviembre de 1835, disparó la popularidad de Espartero, tras la batalla del puente de Luchana. La asunción de la jefatura militar carlista por parte del infante Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza, se dio el impulso definitivo a la estrategia de expediciones militares fuera del reducto norteño. A finales de 1835, Miguel Gómez, trato de llevar la guerra al Noroeste peninsular, pero el escaso eco conseguido, le hizo cambiar de planes, dirigiendo sus esfuerzos hacia el centro y sur de la península. Gómez regresó al Norte el 19 de diciembre sin conseguir resultados tangibles.
Pero la operación más ambiciosa, fue la dirigida por el propio don Carlos y el infante Sebastián Gabriel, comenzada en Estella el 15 de mayo de 1837, aun que fue mas por motivaciones políticas que militares. Tras los sucesos de La Granja, molesta con la actitud de Francia e Inglaterra, hacia el proceso revolucionario liberal, la regente había entrado en contacto con la corte napolitana de Fernando II, para iniciar negociaciones para obtener seguridades personales para ella y su familia, a cambio de ceder el poder a don Carlos. La expedición pretendía forzar la decisión de la reina gobernadora.


Nada más atravesar el Ebro, don Carlos, envió embajadores a las potencias conservadoras. Paso por Aragón, tomando Huesca, por Cataluña, tomando Berga, capital del carlismo y sede de la Junta; por Valencia, ocupando Segovia el 4 de agosto. La llegada del pretendiente a las puertas de Madrid el 12 de septiembre, dio lugar a una situación incómoda. Pero la llegada de Espartero, a marchas forzadas, obligo un día después a una precipitada retirada de la expedición hacia el Ebro y el país vasconavarro. El fracaso de esta opción bélica y negociadora precipitó al carlismo a una aguda crisis.
Mientras la guerra se agotaba en el Norte, en el Bajo Aragón y Valencia, llegó a su apogeo gracias al ardor de Cabrera, que tomó Morella en enero de 1838, convirtiéndola en la capital en su reducto del Maestrazgo. La actitud de Cabrera obligó a los cristianos a reconocer oficialmente la calidad de beligerante al ejército carlista. En el bando cristiano, la sensación de agotamiento y desaliento, hizo aumentar las deserciones, dificultando el reclutamiento.

Morella
Las negociaciones, lejos de garantizar un pacto de familia, se centraron en la cuestión foral. El 29 de agosto se ultimó el tratado, que fue ratificado el 31 en Vergara. El ejército vasconavarro se descompuso en pocos días, y el 14 de septiembre, don Carlos, que no reconocía el acuerdo, atravesó la frontera, siendo confinado en Bourges.
El llamado convenio de Vergara, clausuró la guerra en el país vasconavarro, conduciendo al primer plano de la política liberal a los militares, agrupados en torno a Espartero. El movimiento insurreccional en toda España, condujo al poder a Espartero, nombrado regente, cuando María Cristina renunció a la regencia y marchó al exilio el 17 de octubre.

Baldomero Espartero
En el Este peninsular, los carlistas catalanes y del Maestrazgo, no aceptaron las condiciones de paz y continuaron combatiendo. En su reducto de Aragón, norte de Valencia y Cataluña, un enfermo Cabrera, mantuvo durante el otoño de 1839 una resistencia numantina, ante la llegada de varios ejércitos liberales, comandados por Espartero. Entre febrero y mayo de 1840, fueron capitulando las plazas fuertes carlistas de Segura, Castellote, Aliaga, Cantavieja, hasta que el 30 cayo Morella. El 2 de junio, Cabrera, huyó por Flix hacia Cataluña, donde asumió el mando de las tropas carlistas del Principado, una vez Segarra dimitió. Pero la resistencia era inútil, y Cabrera pasó la frontera el 6 de julio.
De este modo terminó el Primer Conflicto Armado, entre el carlismo y el régimen liberal. Pero la derrota no supuso la desaparición del legitimismo, como fuerza política, sino que forzó una reconversión del liderazgo, la ideología y el apoyo social, que se tradujo en una reafirmación como alternativa contrarrevolucionaria hegemónica a partir de los últimos años de la década de los sesenta.

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