miércoles, 21 de marzo de 2018

Castillo de Malqueospese o Aunqueospese, Castillos de Castilla


En las estribaciones de la Sierra de la Paramera, se alza la fortaleza de Malqueospese o Aunqueospese, asomándose al Valle de Amblés. De planta irregular, mimetizada con las rocas donde se asienta. En este castillo se combina el sillar, el sillarejo y la mampostería, distribuidos por los dos recintos que lo conforman.


El primer recinto defensivo es una barbacana, a la que se accede por una puerta conopial coronada por el escudo de la familia Dávila bajo alfiz, abrazado por dos potentes cubos, llegamos al recinto interior, de mayor altura, en el que se distinguen el patio de armas, las caballerizas, la torre del homenaje, y un ala que con salones y cocinas.

Hubo un castillo anterior de los siglos XI y XII, ocupado por ciertos caballeros de Ávila, que fueron expulsados de la ciudad. Toma el aspecto actual en el siglo XV, como delatan sus troneras de ojo de cerradura invertida, las troneras-buzón y las airosas escaragüaitas o torrecillas colgadas del lienzo sobre ménsulas escalonadas.



Según la Crónica de Ávila, estos caballeros tuvieron en esta fortaleza, conocida entonces como castillo de Sotalvo, su centro de operaciones, desde donde dirigían sus razzias contra Al Ándalus. Que gozó de una cierta importancia, se sabe porque los musulmanes lo atacaron en réplica a las expediciones de castigo y saqueo que partían desde esta fortaleza. Como curiosidad, no muy frecuente en otros castillos, es la letrina de la cara oeste, un agujero redondo en el suelo de un torreoncillo saliente por donde los moradores de la fortaleza soltaban al vacío sus excrementos.

Malqueospese, también conocido como Aunqueospese, pasó en 1740 a la Casa de Medinaceli y en el siglo XX al pueblo de Sotalvo, municipio que se domina desde la fortaleza y que lo cedió a Mironcillo a cambio de unos prados y pastizales en el Valle. Un par de décadas atrás un particular lo compró y comenzó a restaurarlo, pero levantó algunos tabiques con bovedillas de cemento y cerró algunos techos con uralita, chapuzas y desmanes que detuvieron la ruina pero que le valieron por parte de Patrimonio la prohibición de seguir adelante. El hombre se cansó y actualmente Malqueospese, la atalaya del Valle de Amblés, se encuentra abandonado.


Aún se puede subir a sus torres por escaleras de caracol y acceder a tramos del adarve. Todavía sus muros nos traen el eco de las glorias y las miserias que dentro de él se labraron, las leyendas que saben las abuelas, el amor imposible de Álvar Dávila y Guiomar de Zúñiga, amores de un tiempo tal vez real, tal vez soñado.


Cuenta su leyenda que: Cuando Don Alvar Dávila, Capitán y Señor de Sotalvo, volvía con sus escuadrones de luchar en la Batalla de las Navas de Tolosa, desfilaron por las calles de Ávila, recibiendo los vítores de la población. Al llegar a la altura del palacio de Don Diego de Zúñiga, un noble abulense, cuya hija se encontraba asomada en lo alto del ventanal del palacio, Don Alvar Dávila, se quedó prendado de Doña Guiomar, que así se llamaba, al igual que ella se sintió atraída por el caballero.

La leyenda dice que se vieron en numerosas ocasiones, pero siempre a través de aquel ventanal. El padre de Doña Guiomar, Don Diego Zúñiga, prohibía que se viesen ya que pretendía entregar a su hija a Dios para que tomase los hábitos. Don Alvar Dávila, que quería desposarse con ella, se dirigió al padre de ella para pedirla en matrimonio, pero fue echado del palacio y le prohibieron acercarse a él y volver a ver a Doña Guiomar. El capitán y Señor de Sotalvo, replicó: “Cuando el amor ha nacido, no se le mata con vilencias; que el corazón del enamorado es rebelde y terco en la rebeldía. Dª Guiomar y yo seguiremos amándonos, y aún más, viéndonos:….¡¡¡Man que os pese!!!

Los guardias de palacio rondaban día y noche, con la misión de prender al capitán, si se atrevería aparecer. Entonces, don Alvar Dávila, en sus tierras de Sotalvo, en lo alto de un risco mandó construir un castillo, conocido como “Manqueospese la veré”, desde el, decían que podía ver a Doña Guiomar e incluso se comunicaban con humo o a través de pañuelos.
Un día Doña Guiomar, murió posiblemente de pena, y su alma  fue al castillo donde se encontró con su amado, Don Alvar Dávila, el cual, de madrugada partía hacia la guerra donde tambien murió, combatiendo mientras otros dicen que se dejó morir, para unirse con su amada Doña Guiomar.










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