martes, 20 de marzo de 2018

CASTILLOS DE CASTILLA: Castillo de Arévalo



El castillo se sitúa al norte del núcleo urbano enclavado en una elevación, en las confluencias de los ríos Adaja y Arevalillo, que le proporcionan un foso natural defensivo. Edificado en el siglo XV, fue construido por los entonces Duques de Arévalo, según consta en el testamento de D. Álvaro de Zúñiga otorgado en la villa de Béjar del Castañar en 1486. Donde declara: “Primeramente en lo que toca a la villa de Arévalo con la fortaleza que yo e la dicha duquesa mi muger en ella edificamos. Fue entregada a la reina doña Ysabel”.

De planta pentagonal orientada al mediodía se levanta la fachada principal, de la que sobresale la antigua mota o torre, transformada en torre del Homenaje, la cual estuvo unida lateralmente a los muros que constituían la segunda muralla, quedando aún restos del grueso muro de cal y canto revestido de sillares en la cara exterior. Frente a esta fachada con portada adovelada, se extendía una gran plaza.

Perpendiculares a la fachada principal arrancan las dos fachadas laterales que tuercen hacia el interior, reforzando sus ángulos con torres circulares, para formar las dos fachadas posteriores, cuyo encuentro se realiza en otra torre circular.

En toda la fábrica del castillo se pueden observar dos tipos diferentes de construcción. El tercio inferior de los muros es de piedra. El resto es de ladrillo, en un estilo inequívocamente mudéjar, con garitones en los lienzos finamente diseñados, apoyados en grandes repisas cónicas, y matacanes falsos sobre cornisas voladas encima de arquillos. Las almenas, sin embargo son las gruesas, propias de la época de influencia italiana de hacia 1520, y hay troneras rasantes de un tamaño impresionante. La Torre del Homenaje, que domina la fachada que da a la población, constituye elemento fundamental en los castillos señoriales de los siglos XV y XVI, y considerada esencial en la fortificación castellana. Consiste, en el castillo de Arévalo, en una torre de planta cuadrangular con exterior en semicírculo, con tres suelos superpuestos y seguramente abovedados y divididos con forjados de madera para hacer más flexible la utilización del espacio dentro de la torre, que solía servir como punto de coordinación de las defensas del castillo.


La villa de Arévalo está situada al norte de la provincia de Ávila, en una zona de tierras llanas y arenosas, en la comarca denominada Tierra de Arévalo, emplazada en un estratégico altozano. Las primeras noticias históricas que se tienen del pueblo, están relacionadas con los vacceos, tribus de origen celta, que construían sus núcleos urbanos sobre cerros próximos a los ríos, con propósitos estratégicos y defensivos, por lo que es probable que constituyeran el núcleo urbano de Arévalo.

Este núcleo urbano persistió durante la dominación romana a pesar de las devastaciones a las que fue sometido y mantuvo su desarrollo durante los tres siglos de periodo visigodo consiguiéndose una fusión de los hispano-romanos con los visigodos hasta la invasión musulmana en el siglo VIII, teniendo que adaptarse a las vicisitudes históricas y superviviendo precariamente a través de largos siglos En el año 1082 tuvo lugar la definitiva repoblación de Arévalo por Alfonso VI. El núcleo urbano se asentó aprovechando la ventajosa persistencia de una vieja población.

En el siglo XIII Castilla y León se unen definitivamente con lo que Arévalo deja de ser villa fronteriza, consolidándose en una época en la que sus habitantes pueden gozar de paz. Los judíos protegidos por Alfonso X debieron de adquirir gran prosperidad económica. La villa recibe concisiones y privilegios de los soberanos, quienes las visitan.

A la muerte de Juan II le sucede su hijo Enrique IV, cuya proclamación celebró la villa de Arévalo y dónde estuvo residiendo en repetidas ocasiones, alojándose en el palacio del Real, construido por Enrique II pues era en esta villa donde se encontraban la reina Isabel de Portugal y sus dos hermanastros “los infantes doña Isabel y don Alonso”.

Enrique IV, en 1469 firmó la merced a favor de don Álvaro de Zúñiga, Conde de Plasencia, cediéndole la villa de Arévalo y su tierra, nombrándole Duque de Arévalo, a cuya concesión se opondría sin éxito la princesa Isabel, al igual que los arevalenses que le negaron el señorío de la villa. Sin embargo, D. Álvaro de Zúñiga y su mujer Leonor de Pimentel fueron fieles servidores del rey. Es a ellos a quienes se atribuye la edificación del castillo de Arévalo que nos ocupa.


A la muerte del rey Enrique su hermanastra Isabel se proclama “Reina de Castilla y León”, pero al subir al trono ni el Duque de Arévalo, Justicia Mayor del Reino, ni otros cortesanos la prestaron obediencia, ya que eran partidarios de la Beltraneja y del marido de ésta Alfonso V, rey de Portugal. Castilla volvía otra vez a estar en armas. Las batallas se resolvían a favor del rey Fernando, con lo que Pedro de Zúñiga, hijo del Duque de Arévalo, a comienzos de 1476, se presenta en Tordesillas ante la reina solicitando el perdón de su padre. La victoria del rey portugués era imposible, y en 1480 los duques renunciaron a favor de los Reyes Católicos, todos los derechos que tenían en la villa de Arévalo, recibiendo la reina esta villa, disponiendo que en tiempo alguno de dicha villa pudiera ser enajenada, ni apartada, ni quitada de su corona real, por causa alguna.

Podemos distinguir varias etapas en su construcción. La primera de estas etapas correspondería a mediados del siglo XV. Ya se ha señalado al Duque de Arévalo, D. Álvaro de Zúñiga como el primer promotor y como momento origen de la edificación.

El segundo momento constructivo presenta una mayor complejidad. Cooper señala que “el 9 de diciembre de 1504 llegan al castillo siete obreros para desescombrar la torre del homenaje y la coracha. Es el principio de una serie de ocho campañas de obras que Fernando sabe continuar aún cuando la situación política le obliga a ausentarse del trono”.

Durante la primera campaña (1504) una de las obras llevadas a cabo fue la reforma de la puerta de Adaja pero no se ha podido identificar ninguna otra estructura específica de esta etapa.

En la segunda campaña (1506) abundan las referencias a los elementos de la fortaleza realizados o en construcción: se habla de varios carpinteros que trabajaron en la garita de la torre de la duquesa, se construyen las cimbras de madera para realizar la bóveda de ladrillos sobre la puerta principal y los arcos de la torre del espolón, en la garita de la torre del homenaje y en la torre de Arevalillo. Se asentó el puente levadizo y se terminan de construir los cubos en la Torre de Adaja. Se realiza ahora el pozo de la coracha.


En los años posteriores, el volumen de las obras no es grande. Sin embargo la campaña de 1515 es probablemente la campaña más importante en el desarrollo del castillo: casi todo lo construido fue de piedra. En 1516, Pedro de Arévalo vuelve a dirigirlas con la asistencia del capitán Gorvalán. Las obras del baluarte se realizarán con un ritmo febril lo que supones un elevado gasto en mano de obra. Se realizan en piedra mientras dura, después en ladrillo, debido bien al alejamiento del cantero o a la falta de materia prima, cabe suponer que quedaban sin embargo bastantes ladrillos de los comprados en las primeras cinco campañas.

La importancia tipológica del castillo de Arévalo la encontramos en el diseño que le coloca junto con el castillo de la Coca en una categoría especial. En el de Arévalo destaca el tamaño de las cañoneras, que no existen en otro lugar de España antes de finales del siglo XV. Las garitas y los matacanes ciegos se parecen mucho a los de Coca lo que parece indicar que, fueron diseñados por el mismo arquitecto. Es un rasgo común de la época el anonimato en la autoría de las obras arquitectónicas y más en este tipo de construcciones.

Otra característica destacable del castillo es su forma pentagonal. En su conjunto es un saliente desde las murallas del pueblo a lo largo de una loma, con una escarpada caída hasta la confluencia de los ríos Adaja y Arevalillo, que le proporcionan así un foso natural. Existiría probablemente un foso que protegería la entrada en la parte que daba al pueblo. Las estructuras encontradas muestran, por un lado, una estructura de gran importancia frente a la Torre del Homenaje (identificado por el baluarte construido a comienzos del siglo XVI) y, por otro lado, los restos de una cámara de tiro, casi enfrente de la puerta del castillo, que podía pertenecer a una barrera artillera construida para defender este. Los hallazgos arqueológicos pueden dividirse en tres grandes estructuras documentadas: el foso, la barrera y el baluarte.



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