viernes, 16 de febrero de 2018

Palacio del Embajador Vich, Valencia Desaparecida



Fue durante siglos, este palacio del embajador Vich en Valencia, un símbolo del poder y la opulencia de su morador. Aristócrata y diplomático, Jerónimo Vich y Vallterra representó a los monarcas Fernando el Católico y Carlos I como embajador ante la Santa Sede. Durante años residió en Roma donde se empapó del floreciente renacentismo italiano. Nuevo estilo que quiso trasladar a su palacio valenciano, de origen gótico, que se convirtió en una de las joyas de la arquitectura de su tiempo.

De la belleza de esta residencia apenas quedan vestigios, ya que el edificio fue demolido, como tantos otros, durante el siglo XIX. ¿Pero sería posible reproducir, hoy en día, este inmueble? La respuesta es si, de hecho, un equipo de investigadores de cuatro universidades (la Católica de Murcia, las Politécnicas de Cartagena y Valencia y la Universidad de Murcia) han logrado reconstruirlo más de un siglo después con la ayuda de la tecnología digital. La arquitecta Mercedes Galiana, de la Universidad Católica de Murcia, ha liderado esta investigación, ardua y laboriosa ya que exigió una importante recopilación y un minucioso análisis posterior de todos los documentos históricos, literarios y gráficos relativos al monumento, incluyendo, además, la información que escondía el subsuelo.


Tras el derribo, algunas piezas del patio se integraron en otros edificios de la ciudad, entre ellos el convento del Carmen, que por entonces era la sede de la Real Academia de San Carlos. Sin embargo, durante la Guerra Civil, muchas de ellas se trasladaron al San Pío V, donde permanecieron durante décadas. Hoy se puede admirar de nuevo el conjunto de columnas clásicas, capiteles, arcos, cornisas y frontones en el Museo de Bellas Artes de Valencia. 

El Palacio del Embajador Vich se situaba en la antigua demarcación parroquial de San Martín de la ciudad de Valencia y su construcción data hacia el 1525, cuando su promotor todavía se encontraba en Italia como consejero del Papa León X. Jerónimo Vich quedará como embajador de Carlos I hasta 1521. Aunque durante la primavera de ese año reside en Florencia al abrigo del Papa. León X muere cuando Vich llega a Valencia el 21 de junio del mismo año al Grao, donde lo recibió Rodrigo de Mendoza, primer Marqués de Cenete, el gobernador Jerónimo Cabanilles y los jurados de la ciudad. Tras descansar en el convento de Jesús, se trasladará al monasterio de la Murta, y no reside en su casa de la calle de los Solers, debido a que las Germanías hacían de Valencia una ciudad insegura. La intención de hacer un nuevo palacio se retrasará por estos hechos.


El comienzo del palacio está fechado hacia 1525 o 1527, persiste la duda de dónde salieron las trazas del innovador patio. Se ha insinuado que la traza del cortile la traerá el embajador desde Roma y, por tanto, que el artífice fuera italiano, apuntando al entorno de los Sangallo. De hecho, a Antonio da Sangallo el Joven, se debe la traza de la iglesia de Santa María de Montserrat en Roma en el 1518, bajo la administración del mismo Jerónimo Vich. Anteriormente Sangallo, había trabajado en la iglesia de Santiago de Roma, junto con Donato Bramante, auspiciada también por la corona española. Hay dudas sobre esta hipótesis, ya que la arquitectura hecha por Sangallo no se parece a la del patio del palacio Vich, sobre todo en la traza del cuerpo de ventanas, que remiten a modelos propios valencianos. Se podría decir que la traza se forjó formalmente en Valencia pero influida notablemente por el ambiente artístico de la Roma de los papas Julio II y León X.

Así el elemento clave del patio que puede desentrañar el artífice de la traza, es el cuerpo de ventanas de la planta noble que da al patio. Esta ventana de curvas, que se podría llamar coronella a la romana, es decir gótica con elementos renacentistas; sólo florece en el ámbito valenciano y tiene su origen en el palacio condal de Oliva, derribado en el siglo XX. Uno de los posibles artífices que debieron tomar parte en las obras del palacio, es el maestro mayor de las obras de la ciudad, Agustín Muñoz. ​


El 19 de noviembre de 1515, el "Consell de la Ciutat" le concedía licencia para viajar a Roma, seguramente por asuntos relacionados con los intereses de los Vich. El mismo Muñoz junto al cantero Juan de Alicante comenzarán en 1516 la iglesia del monasterio de Santa María de la Murta, convento jerónimo bajo la protección de la familia Vich, ya que era su panteón familiar. Muñoz, pues, estuvo en Roma durante el momento álgido del papado de León X, el patio sería el resultado de ello con una puesta al día después de la llegada de el embajador, la corriente renovadora que también se vivía en Valencia, reforzado por la naturaleza Antiquaria del mármol genovés, explicaría la vinculación del patio con modelos del Renacimiento romano y el carácter endémico del cuerpo de ventanas.


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