lunes, 23 de octubre de 2017

Museo de Bellas Arte de Valencia San Pio V


A escasos metros de los amplios Jardines del Real, donde están situados los restos del Palacio del Real, nos encontramos con este destacado edificio, de noble aspecto, flanqueado por dos torres, donde se halla instalado el Museo de Bellas Artes de Valencia, antiguo Colegio Seminario de San Pío V. Este magnífico edificio fue erigido en el año 1683, por iniciativa del entonces arzobispo de Valencia fray Juan Tomás de Rocaberti, para residencia de misioneros y colegio de clérigos menores.

Es obra comenzada por el arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel, quien tantas muestras del barroco valenciano dejó en la ciudad y su Reino, como el presbiterio barroco de la Catedral de Valencia. Se construyó entre 1683 y 1744, tan largo periodo de tiempo se debe entre otros motivos a la muerte fray Juan Tomás de Rocaberti en 1699 y más tarde a la muerte de Pérez Castiel en 1708, amen de los años de guerra a la corona española entre borbones y austracistas. 

En 1728 recogió el testigo de la obra el hijo, Juan Bautista Pérez Artigues,  y el sobrino de Pérez Castiel, José Minguez, introduciendo algunos cambios en el planteamiento original. Tiene el edificio una amplia historia por la diversidad de usos a que fue destinado. Cuando la guerra de la Independencia, en 1808, al ser derribado, el antiguo Palacio del Real, se le preparó para residencia del rey intruso José I Bonaparte, si bien este prefirió habitar en el también desaparecido Palacio de Parcent. 


En los tiempos del general Elío, capitán general de Valencia desde 1819, el antiguo edifico de San Pío V fue destinado a academia militar para cadetes. Después en 1826, fue el primer local de la Casa de Beneficencia creada entonces. Más tarde, en 1835, se destinó a almacén de efectos militares, y ocho años después en 1843, se instaló allí el hospital militar, donde permaneció hasta que, fue trasladado a un nuevo edificio. Durante la guerra civil española el edificio seguía siendo Hospital Militar. Previas las necesarias reformas, fue trasladado a este edificio en 1946, el Museo Provincial de Bellas Artes, que desde el año 1839 se hallaba en el antiguo edificio que fue convento del Carmen, que da nombre a ese popular barrio valenciano.

La historia del Museo está íntimamente ligada a la historia de la Real Academia de Artes de San Carlos. El 7 de febrero de 1753 los hermanos José e Ignacio Vergara constituyeron la Academia de Pintura, Escultura y Arquitectura de Santa Bárbara que tuvo una vida muy efímera, pues en 1961 dejó de existir. El 14 de febrero de 1768 se hizo un nuevo intento y fue creada la Real Academia de Nobles Artes de San Carlos, los hermanos lograron tres aulas de la Universidad para la recién creada Academia y allí se instalaron. También dieron clases de dibujo y de pintura a las que asistió Francisco de Goya y Lucientes cuando visitó Valencia en 1795.

En 1837 se crea en el Convento del Carmen (edificio desamortizado en 1835) un museo con el fin de acoger las obras religiosas de todos aquellos monasterios e instituciones religiosas también desamortizadas. El 5 de octubre de 1839 se inaugura el museo gestionado por la Real Academia de San Carlos. En 1848 la Academia se traslada desde su antigua ubicación en la Universidad a este Convento del Carmen e incorpora a los fondos museísticos del Carmen sus propias obras de arte. En 1913 los fondos del museo pasarían a propiedad estatal dejando de estar gestionado por la Academia de San Carlos. En 1946 el entonces conocido como Museo Provincial de Bellas Artes se traslada al edificio del Colegio Seminario San Pío V. 

El Museo de Bellas Artes de Valencia considerado por su importancia artística el segundo de España, ha gozado siempre de justa fama por el número y calidad de sus obras. En su edificio actual, muestra una esplendida y valiosísima colección artística. La arqueología tiene buen número de piezas de los más remotos tiempos, como lápidas, figuras en piedra y bronce, mosaicos, sarcófagos y otras obras muy interesantes labradas en cerámica y marfil. Pieza destacadísima es el sarcófago paleocristiano del Ciclo de la Pasión, tradicionalmente denominado de "San Vicente Mártir", decorado con estrígilas y crismón como emblema triunfal del cristianismo. En el centro del sarcófago encontramos la cruz latina gemada y sobre ella se apoya una corona de laurel adornada de lentiscos que enmarcan el monograma de Cristo. Todo un repertorio simbólico cristiano. Se fecha a finales del siglo IV y su filiación es itálica, estando realizado en mármol blanco. Según una tradición, este es el sepulcro donde fue enterrado San Vicente Mártir tras su martirio. Su procedencia es curiosa ya que procede del Convento de Santo Domingo, cuando este era Cuartel Militar, y el sarcófago era usado como abrevadero de los caballos. En el fondo se puede ver el agujero que hacía de desagüe del agua. Es propiedad del Museo de Bellas Artes desde 1865 y desapareció del Monasterio de San Vicente de la Roqueta en 1837, para ser redescubierto en la Ciudadela. 


Otro sarcófago que podemos encontrar en el claustro es el de don Galcerán Pardo de Vilanova, sepulcro en piedra fechado en el siglo XIV. Sobre la tapa lleva la inscripción IHS y en el frontal una larga inscripción con el nombre del difunto. 

Entre las obras artísticas adscritas al románico encontramos dos piezas o conjuntos únicos dentro de este estilo en la ciudad de Valencia: 

Pila de fuente ornamental Se trata de una pila que debió pertenecer a una fuente ornamental tal vez procedente del jardín o patio del Palacio Arzobispal, destaca por su decoración en forma de friso historiado en relieve de la copa. En bastante buen estado de conservación, ésta copa lanzaría a través de unas aberturas el agua sobre otra la taza inferior. Se da la circunstancia que su parte trasera está fragmentada ya que en algún momento de su historia fue mutilada para dejarla apoyada en un muro, tal y como hoy día la podemos contemplar. La decoración está formada por grandes aves de rapiña que enfrentadas picotean con fuerza sobre unas mascaras grotescas. 

Capiteles de la portada de la Iglesia de Santo Tomás La segunda manifestación románica del museo, son tres capiteles procedentes de la Iglesia de Santo Tomás Apóstol que se levantaba en la calle Avellanas esquina con la calle Cabillers y que fue derribada en 1862 por el estado de ruina en que se encontraba. La portada de estilo románico estaba formada por seis arquivoltas abocinadas que descansaban en otros tantos capiteles que apoyaban en columnas. Sólo se han conservado estos tres capiteles del conjunto de la portada. Están fechados en el siglo XIII y se adscriben al periodo conocido como románico tardío o románico terciario. Los capiteles disponen su decoración con motivos geométricos y zoomórficos. 

La escultura, de diversos autores, llena varias salas, de las que destacan las dedicadas al genial artista valenciano Mariano Benlliure. 



Pero donde el Museo de Bellas Artes atesora su mayor riqueza artística es en las pinturas. Los magníficos retablos procedentes de antiguas iglesias, conventos y monasterios valencianos destacan como muestra valiosa de los grandes maestros de la antigua pintura valenciana: Juan de Juanes, José Ribera, Zariñena, Espinosa, los Vergara, Vicente López. Tiene el Museo asimismo gran variedad de cuadros de pintores de diversas escuelas: Rembrandt, El Bosco, Mengs, Ribalta, Van Dyck, Velázquez -con su magnifico autorretrato-, Francisco de Goya. 



La pintura de finales del siglo XIX y principios del XX está formada por apellidos famosos: Francisco Domingo Marqués, Antonio Cortina Farinós, Emilio Sala, Ignacio Pinazo, los Benlliure, Blas, José y Juan Antonio, que con su hermano Mariano tanto destacaron en el mundo del arte, Antonio Muñoz Degrain. No nos vamos a olvidar de Salvador Abril, Cecilio Pla, Antoni Fillol, Salvador Martinez Cubells, Javier Amerigo, José Garnelo, Manuel Benedito... Y especialmente, Joaquín Sorolla, el grande de los grandes de su época.


No falta en la interesante aportación de nuevos valores que nutren también de esplendidas obras las salas del Museo de Bellas Artes de Valencia. 

Destaca sin embargo el museo, por una gran e interesante colección de tablas gótico primitivas procedentes de antiguos conventos desamortizados en el siglo XIX. 

El edificio está compuesto por dos partes: el colegio y el templo. 

Colegio: De planta cuadrangular, se articula alrededor de un claustro de tres pisos. La fachada se compone de un cuerpo central formado por planta baja y dos pisos, formado por ventanales, y a cada lado una torre cuadrada de mayor altura que el cuerpo central. Todo el conjunto se corona con cornisa de ménsulas pareadas y pretil de bolas y pináculos. En el centro de este cuerpo se sitúa la entrada al colegio, en su parte superior un gran balcón realizado ya en el siglo XX con el escudo que la Academia de San Carlos tenía en su emplazamiento universitario. El claustro formado por tres pisos, dispone de cinco arcos por lado, los arcos de los dos pisos superiores están cegados y en ellos se han abierto unos pequeños balcones. Con esta solución se pretendió ganar espacio al edificio ya que al cerrar parte del claustro las alas podían ser utilizadas como aulas o habitaciones. Sus dos torres en la fachada que se asoma al Turia le dan un cierto aspecto de alcázar, como era frecuente entonces en los monasterios y en ciertos palacios de la ciudad. En dicha fachada destaca el almohadillado de las esquinas, en forma de puntas de diamante, los frontones alternados rectos y curvos que coronan las ventanas, las cornisas y los remates de jarrones y globos.



Antigua Iglesia: El templo se adosa a este rectángulo con su planta octogonal y su gran cúpula de teja vidriada azul reconstruida entre 1990 y 1994 después de haber sido derribada en 1925 ante el peligro de derrumbe que amenazaba. Es de destacar también su fachada, obra de José Mínguez con dos cuerpos, pilastras en resalte y un frontón curvilíneo que la remata, todo lo cual se sitúa en el paso del barroco al neoclasicismo. Realizada por el hijo y el sobrino de Pérez Castiel entre 1728 y 1744. La fachada del templo es de cantería, está formada por dos cuerpos; el inferior con pilastras dóricas flanqueando la portada del templo y sobre esta un relieve del escultor Luis Domingo Guzmán que representa al papa Pío V rezando ante un Crucifijo. El segundo cuerpo formado por pilastras jónicas enmarca una ventana con un relieve en lo alto que representa la Resurrección y las iniciales de los Clérigos Regulares Menores. Más arriba un ático con el escudo del arzobispo valentino Juan Tomás de Rocaberti. El escudo de los Rocaberti está formado por tres palos de oro sobre fondo de gules (rojo) en cuyo interior encontramos nueve roques (torres de ajedrez) de azur. Corona el conjunto de la portada una cruz de piedra y algunos adornos en forma de floreros. 



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