lunes, 14 de agosto de 2017

GUILLERMO DE CROY, señor de Chièvres

Nacido en 1458, era hijo de Felipe de Croy, también señor de Chièvres, quien había servido al duque de Borgoña Carlos el Temerario y luego a su hija María de Borgoña. Además de señor de Chièvres, tuvo los títulos de marqués de Arschott, duque de Soria y almirante de Nápoles, todos ellos concedidos por Carlos V.

            Luchó en las guerras italianas al servicio de los reyes franceses Carlos VIII y Luis XII. Después cambió de bando y sirvió al archiduque Felipe el Hermoso, hijo de María de Borgoña. No obstante, nunca fue enemigo de Francia; de hecho, hacia 1500, fue embajador imperial en la corte de Luis XII. Hombre capaz y de buena formación, en 1509 fue nombrado por el emperador Maximiliano I, tutor y gran chambelán del príncipe Carlos, de nueve años de edad, a quien enseñó el arte de la guerra y normas de acción política.

            Gracias a este puesto obtuvo considerable influencia sobre Carlos, que le apreció toda su vida; en ese sentido fue clave el final de la regencia de Margarita de Austria, tras lo cual Carlos pudo hacerse cargo personalmente de los asuntos de Estado. Junto con Jean Sauvage tuvo la dirección de los más importantes asuntos políticos; ellos dos fueron los responsables de la inicial política pro-francesa del futuro emperador, impulsando la firma de los acuerdos de París y Noyon, en agosto de 1516, y el compromiso de matrimonio de Carlos con Luisa, una hija de Francisco I. El matrimonio no llegaría nunca a verificarse, y a la larga el entendimiento entre los Habsburgo y los Valois, se haría imposible. Muerto Fernando el Católico en 1517, acompañó a su señor en su primer viaje a la Península Ibérica para tomar posesión de los reinos hispánicos; él mismo presidía el cortejo real.

            Su influencia sobre Carlos I no gustó a la nobleza castellana, convirtiéndose Chièvres en objeto de gran animadversión popular; en ello tuvo su parte el elevado número de cortesanos de origen flamenco o borgoñón, entre ellos Adriano de Utrecht y Sauvage. Él y los demás se convirtieron en símbolo del cortesano ávido de riquezas. De cualquier modo, su impopularidad alcanzó el cénit cuando su sobrino Guillermo de Croy, hasta entonces obispo de Cambrai, fue nombrado arzobispo de Toledo con sólo veinte años. Chièvres no había influido en su elección, sino que había sido la nobleza quien había apoyado su candidatura para evitar tensiones entre los candidatos castellanos.



Trató de fortalecer su posición dividiendo a la nobleza; aparentó apoyar a los antiguos partidarios de Fernando el Católico, mientras que Sauvage hacía lo propio con los de Felipe el Hermoso. Esta política se disolvió cuando en 1519 murió Sauvage mientras se celebraban las Cortes de Zaragoza; su sucesor, el italiano Mercurino Arborio de Gattinara, tenía otros proyectos poco afines con los de Chièvres, que atendían más a los asuntos italianos, a los que a partir de entonces se dirigió la política imperial. A pesar de ello continuó al servicio de Carlos I hasta su muerte. Gracias a su talento negociador, consiguió para él de las Cortes de Santiago-La Coruña de 1520, los fondos necesarios para obtener el título imperial, que finalmente le fue otorgado. Luego marchó con el ya Carlos I a Inglaterra y asistió a las entrevistas entre éste y el rey inglés Enrique VIII en Dover, repetida al poco en Gravelinas, para firmar una alianza contra Francia. Después continuó viajando con el séquito imperial hasta Aquisgrán, donde presenció la coronación de Carlos I en octubre de 1520. Por último, se trasladó a Worms, donde debía celebrarse una Dieta, pero habiendo enfermado de gripe murió allí en 1521 con unos 62 años de edad.


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