sábado, 15 de julio de 2017

Real Colegio de Doncellas Nobles



El Colegio de Doncellas Nobles de Toledo fue fundado el 25 de octubre de 1551 por el arzobispo de Toledo y cardenal Juan Martínez Silíceo, con el primitivo nombre de Colegio de Doncellas Vírgenes de Nuestra Señora de los Remedios, para acoger a cien jóvenes carentes de recursos “que fuesen de sangre limpia”, naturales del arzobispado de Toledo y de edad desde siete a diez años. Una vez dentro, las plazas eran vitalicias recibían una dote de cien mil maravedíes y podían seguir allí toda su vida a no ser que salieran para casarse, entrar en religión o fueran expulsadas. El objeto fundamental era formar un plantel de madres de familia imbuidas en la doctrina cristiana. Se cuenta que cuando Santa Teresa tuvo noticia de la fundación del cardenal Silíceo comentó: “cien doncellas, son demasiadas mujeres juntas”.

Otorgó la escritura de fundación del Colegio de Doncellas en Toledo ante el escribano Juan Sánchez de Canales, el día 25 de octubre de 1551; las primeras doncellas quedaron instaladas en el llamado Salón de Mesa, casa de don Gómez Enríquez Manrique de Ayala, situada frente a la parroquia de San Román, adquirida por el cardenal el 20 de junio de ese mismo año. Hoy es la sede de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Deseó para su colegio una residencia más vistosa y más grande y a los pocos años compró al Conde de Mélito, Diego Hurtado de Mendoza, el actual edificio donde quedó instalado definitivamente; en 1557 dictó las constituciones de su fundación y en 1558 vendió el Salón de Mesa a don Arias Pardo y a su mujer, doña Luisa de la Cerda. En él se reunieron las últimas Cortes que convocó Carlos I y entonces fue visitado por San Francisco de Borja. En tiempos del cardenal Sancha se construyó el pasadizo que cruza la calle de Santa Ana.

El fundador del Colegio, Juan Martínez de Silíceo, nació en Villagarcía (Badajoz) en el año 1475 siendo pastor en su infancia. Casi adolescente marchó a París andando, para estudiar en la Soborna donde años después desempeñó una cátedra. Fue catedrático en Salamanca, canónigo magistral de Coria, preceptor y confesor de Felipe II, obispo de Cartagena, arzobispo de Toledo y cardenal primado.

En 1560 el rey Felipe aceptó el patronazgo sobre el Colegio que desde entonces tuvo un doble patrocinio, al Rey y al Arzobispo de Toledo, que lo siguen ejerciendo hasta la actualidad, si bien el patronazgo real lo ejerce ahora Patrimonio Nacional. 

El cardenal Silíceo, se ocupó de dotar convenientemente al Colegio, de tal forma que el Colegio fue durante muchos siglos, uno de los más ricos del Reino, contándose entre sus bienes varias casas en Toledo, algunas tierras y olivas en Magán y en otros pueblos y, sobre todo, la dehesa de las Guadalerzas, en Los Yébenes. 

Como ya hemos dicho anteriormente, entre 1554 y 1558 se produjo el traslado de la nueva casa de las doncellas nobles. Debió ser un edificio importante, pues en 1525 se había alojado allí la princesa Margarita de Francia, hermana de Francisco I. 

Del edificio original poco queda. En el siglo XVII se reformó la capilla y a finales del XVIII se realizaron nuevas obras, costeadas por el cardenal Lorenzana y dirigidas por Ventura Rodríguez, quien respetó las características originales de la construcción del siglo XVI: una estructura organizada en torno a un patio adintelado con columnas de granito, dos salones alargados, situados en los lados opuestos del patio, y unas amplias escaleras de paso al piso superior.

La vida colegial discurrió apacible y sin sobresaltos durante los siglos posteriores. La desamortización de los bienes eclesiásticos no afectó gravemente al colegio por el patrocinio real, no así a sus bienes raíces que fueron subastados por el Gobierno. Cuando el Colegio necesitó ampliar, siendo su director Luis Fernández de Lara, se pensó en un solar próximo propiedad del Colegio, donde existían dos antiguas viviendas. Comunicado con el edificio existente por un elegante cobertizo de hierro fundido, que aún subsiste, un edificio de estilo neomudéjar diseñado por el arquitecto Santiago Castellanos Urizar, donde actualmente se encuentra instalada la Vicepresidencia de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Se trata de un edificio de planta cuadrada con esquinas en chaflán, jardín trasero y patio interior. En alguno de sus puntos tiene cuatro plantas. Todo el edificio descansa sobre un basamento de piedra granítica que sirve de base a los lienzos de ladrillo. Los vanos exteriores guardan una composición simétrica y se repiten con cierta equidistancia y ritmo. Son adintelados y están protegidos con rejas. Entre ellos destacan las múltiples combinaciones geométricas de los ladrillos, que se convierten en la base de la decoración. Se introducen líneas horizontales compuestas por azulejos de cerámica decorada. El edificio tiene un carácter historicista neomudéjar. Su estructura es metálica, que se hace patente en elementos singulares, como el pasaje elevado que comunica el edificio primitivo con esta ampliación, donde se evidencia la estructura roblonada. Estas soluciones se destacan también en las galerías cubiertas del patio interior. 

En el lugar del antiguo salón principal, actualmente se encuentra la capilla del colegio. Consta de una nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos, crucero sobre pechinas y testero plano. Tiene coro a los pies, en alto y sotacoro con bóveda de arista.

En 1928 el Colegio recibió la visita de don Alfonso XIII; después vino la decadencia, amortizándose gran parte de las vacantes que se iban produciendo. En 1983, solo había ya 19 colegialas, ocho de ellas mayores. La reforma era de todo punto necesaria ya que el colegio parecía una institución anacrónica, incluso en su propia denominación, siendo notable sus carencias materiales. Así en 1998 el arzobispado de Toledo y Patrimonio Nacional firmaron un protocolo para la restauración del edificio y la modificación de los estatutos del Real Colegio de Doncellas Nobles. 

Las obras comenzaron en 1990 y duraron cuatro años. Para financiarlas fue preciso vender algunos edificios anexos que hoy ocupan otras instituciones. En 1994 empezó a funcionar la Residencia Universitaria Virgen de los Remedios. En 2001 se conmemoró los 450 años de la fundación de este Real Colegio de Doncellas Nobles. 

La Fachada Principal, orientada a mediodía, de aparejo mixto ladrillo-mampostería, de perfil rectilíneo y en los pisos altos las ventanas enrejadas que recuerdan a un convento de clausura. Esta fachada tiene dos portadas: la primera, la más pequeña, es de orden dórico y lleva en la parte superior el escudo de armas del cardenal. A su lado un azulejo sitúa en este lugar el escenario de la leyenda toledana de “El zapatero y el cardenal”. La segunda portada, por donde se accede a la iglesia, posee dos cuerpos: el inferior con un vano de medio punto enmarcado por cuatro pilastras de orden dórico y sobre el que va un escudo del cardenal que está constituido por el anagrama JHS rodeado de lenguas de fuego refulgentes y que lleva como divisa la frase “Eximunt tangentia ignem”. En el segundo cuerpo vemos una hornacina de medio punto que alberga un mediorrelieve representando a Nuestra Señora de los Remedios con el Niño rodeada de otras figuras arrodilladas entre las que se encuentra la del cardenal, obra del escultor salmantino Juan Bautista Vázquez el Viejo. La hornacina está flanqueada por dos pilastras y dos jarrones barrocos. En lo alto un escudo y como remate una cruz. 

La iglesia, la capilla-iglesia, de estilo renacentista y barroco temprano, recién restaurada, se muestra espléndida a los ojos del visitante. Se trata de un templo de una sola nave, con crucero, en cinco tramos. Los paramentos interiores están enlucidos y articulados mediante pilastras toscanas. La nave, los brazos del crucero y la capilla mayor se cubren con bóvedas de cañón con lunetos y en el crucero la cubierta es una cúpula sobre pechinas. Tiene dos coros, uno bajo, el de los canónigos que ocupa los pies de la nave y otro alto, el de las colegialas, con una preciosa verja, al que no se puede subir, para que no sufra la escalera. 










En el centro de la nave se encuentra el sepulcro del cardenal Silíceo, de estilo neoplateresco, realizada en 1890 por el escultor Ricardo Belver y Ramón. El mausoleo de mármol blanco de Carrara y gris, es de primorosa ejecución, tanto en relieves como en figuras, destacando la escultura yacente del cardenal y las cuatro imágenes de las Virtudes teologales que aparecen en los ángulos. Parece ser que hasta la realización de este mausoleo, los restos del cardenal estuvieron depositados en este lugar en un hueco abierto en el suelo y cubierto solo por un sencillo paño de terciopelo negro y una mitra. El presbiterio está presidido por un retablo barroco en madera dorada con dobles columnas estriadas y capiteles corintios. Consta de dos cuerpos: el superior con un mediorrelieve del Padre Eterno rodeado de ángeles inscrito en un frontón triangular; en el inferior, óleo del genovés Alejandro Sémini que representa a la Virgen con el Niño rodeado del cardenal Silíceo y otros personajes, a un lado, y de un grupo de doncellas, al otro. A ambos lados sendos óleos del mismo artista de San José con el Niño, a la derecha, y San Juan Bautista, a la izquierda. Bajo el cuadro de la Virgen, templete con una imagen de Cristo redentor y a los lados dos ángeles en madera tallada y dorada.

En los brazos del crucero hay otros dos retablos barrocos, el de San Jerónimo, lado de la Epístola, en cuyo ático luce el escudo del cardenal y el de la Virgen del Pozo, lado del Evangelio, de semejantes características, cuya pintura es una copia del original del pintor toledano Luis de Velasco que estuvo en el Colegio de Infantes, otra de las fundaciones del cardenal Silíceo y que representa al cardenal, siendo niño, salvado por la Virgen tras caer a un pozo. En esta capilla había antes dos cuadros de El Greco que hoy se encuentran depositados en la sacristía de la catedral toledana: un “San Francisco y el hermano León” (quizás copia u obra de taller) y un “Cristo crucificado”.

El Patio, accedemos a las galerías recorriéndolas por su parte izquierda. En este lado, podemos encontrar objetos cotidianos que nos recuerdan la vida colegial, como la cerámica de Ángel Pedraza que representa a Cristo con dos de sus discípulos. En el muro de este pasillo hay varias placas conmemorativas, una con texto en latín relativa la terminación de las obras en 1787, otra más moderna que recuerda la visita del rey Alfonso XIII el 27 de febrero de 1928 y una tercera, contemporánea sobre la inauguración de la rehabilitación del edificio, el 13 de julio de 1994. También vemos algunos lienzos curiosos de estilo barroco como el de Santa Casilda coronada por un ángel.

Por una puerta abierta accedemos al patio construido en el siglo XVIII por Eugenio López Durango bajo la dirección de Ventura Rodríguez, en estilo neoclásico. Todo él es de sillería de granito con arcos de medio punto y pilastras adosadas con capiteles de orden corintio en el piso inferior compuestos y arcos rebajados y capiteles de orden compuestos en el superior.


Penetramos por una puerta de madera del siglo XVII, al salón rectoral, estancia de amplias dimensiones, de aspecto decimonónico donde se celebraban los actos más solemnes de la vida del Colegio. La estancia se halla cubierta por un artesonado metálico del siglo XIX y la preside un retrato de cuerpo entero del cardenal, siglo XVII, de autor anónimo. En su decoración destacan dos tapices flamencos, procedentes del taller Bruselas-Brabante, de finales del siglo XVII, que representan dos escenas: una con David saliendo de la cárcel y explicando los sueños a Nabucodonosor y otro con escenas de la misma serie, además de otros lienzos, espejos, lámparas, cortinas y un piano.

No se puede acceder a la escalera que conduce al segundo piso donde seguramente habrá más cosas de interés relativas a la institución. 

El Palacio en el que Isabel de Portugal vivió antes de morir

Antes de convertirse en colegio, Carlos I y su esposa, la emperatriz Isabel de Portugal, vivieron allí durante varios meses, aunque, como todo el mundo sabe, la reina falleció el de 1 mayo de 1539 en el Palacio de Fuensalida.

La soberana vivía en Toledo desde las Cortes de 1538, el 23 de octubre llegó Carlos I a la ciudad hospedándose con su esposa en el Palacio del conde de Mélito (donde hoy se ubica el Colegio de Doncellas), pues el Alcázar no estaba habitable. A finales de abril del año siguiente la emperatriz dio a luz un niño muerto, sufriendo fiebre puerperal. El 27 de ese mes se trasladó al Palacio del Conde de Fuensalida, por consejo médico, pero no fue posible salvarla. Murió cuatro días después.


1 comentario:

  1. Maravilloso lugar. Precisamente estoy esperando recibir el expediente personal, como colegiala, de mi undécima abuela desde el Archivo General de Palacio. Se cSó en 1695, así que el expediente se corresponderá con los años anteriores al desposorio.

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