martes, 25 de julio de 2017

Lorenzo Arrazola y García


Nacido en la localidad de Checa (Guadalajara) el 10 de Agosto de 1795, y fallecido en Madrid el 23 de febrero de 1873.

Era hijo de Manuel Arrazola, de origen vizcaíno y de María García, perteneciente a una familia rica de la comarca. Llamado por su tío José García Hualde, corregidor de Benavente, comenzó sus estudios en esta ciudad, y los continuó en el Seminario Conciliar de Valderas, bajo la dirección del dominico P. Francisco del Valle. En 1820 fue nombrado Catedrático de Constitución en Valderas. Movilizado en 1823, sirvió en Galicia a las órdenes de Morillo, alcanzando rápidamente el grado de sargento y el nombramiento de oficial. Cuando Morillo pactó con los franceses, Arrazola se retiró a su casa, porque resultaba peligroso haber aparecido como liberal. Después, en 1825, pasó a Valladolid a estudiar Derecho, y ganó a continuación una cátedra de Instituciones Filosóficas, para la que escribió un Prontuario, en latín, que se publicó en Valladolid en 1828.

El 28 de julio de 1828 se doctoró en la Universidad de Valladolid, leyendo un discurso en latín sobre la abolición del tormento como medio de prueba en los juicios, acto al que asistieron SS. MM. Fernando VII y María Amalia. Escribió una oda Al Rey Nuestro Señor (Valladolid, 1828) y se casó en 1829 con Ana Micaela Guerrero, hija de un rico propietario, con la que tuvo trece hijos. Al mismo tiempo, Arrazola publicó en 1829, un Ensayo sobre volcanes y terremotos y la composición poética la Elegía a la muerte de María Josefa Amalia, como abogado se encargó de la defensa del deán de Burgos, Presidente a la vez de la Junta carlista de Castilla. El Claustro le eligió para desempeñar la cátedra de Oratoria, Historia y Literatura, y el gobierno le nombró catedrático de Derecho Internacional y Comparado. Recibió inmediatamente una serie de cargos: Procurador síndico de Valladolid, en 1835, desde donde concibió la futura Ley de Ayuntamientos; miembro de la Junta provincial de Instrucción primaria, de la General de Beneficencia, de la Sociedad Económica de Amigos del País, de la Junta científica y artística de Valladolid, creada a consecuencia de la Desamortización; de la Academia de Nobles Artes de la Purísima Concepción, Decano honorario del Colegio de Abogados, Miembro de la Academia grecolatina, e incluso miembro de la Junta de Armamento y Defensa, capitán de la Milicia Nacional de Caballería, y juez privativo del Canal de Castilla. Fue presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Madrid en varias ocasiones: la primera vez el 27 de noviembre de 1836, y después en 1839, 1844, 1845 y 1847. En 1837 su carrera de "trepador", se acelera: fue elegido diputado por Valladolid y, en el mismo año, fue nombrado vicepresidente del Congreso. Siguió de diputado hasta la revolución de 1840.



El 9 de diciembre de 1838 fue nombrado Ministro de Gracia y Justicia, cargo que conservó hasta el 20 de julio de 1840. Además, fue Ministro de la Gobernación del Reino desde el 10 de mayo de 1839 y desde el 18 de mayo en propiedad, hasta el 16 de noviembre de 1839. Fue de nuevo diputado por Valladolid en 1844, y por Zamora en 1846-47 y 1847-48; y senador el 8 de enero de 1849. De 1844 hasta el 16 de marzo de 1846 ocupó de nuevo la cartera de Gracia y Justicia, que volvió a ocupar desde el 4 de octubre de 1847 hasta el 19 de octubre de 1849, y otra vez, con el intermedio de un día de José Manresa, desde el 20 de octubre de 1849 hasta el 14 de enero de 1851. Presidente del Tribunal Supremo en 1851-1853 y de nuevo en 1856-1864, ascendió a la Presidencia del Consejo de Ministros el 17 de enero de 1864. Sus enemigos comentaron que dejó vacante su puesto en el Tribunal Supremo para no quedarse sin nada si caía el Gobierno. Al mismo tiempo que ocupaba la Presidencia era Ministro de Estado. Dimitió de ambos cargos el 1 de marzo de 1864, pero ya el 16 de Septiembre fue nombrado Ministro de Gracia y Justicia, cargo en el que permaneció hasta el 21 de junio de 1865. Un día, el 16 de Septiembre de 1864, fue ministro interino de Ultramar. Volvió a ocupar el Ministerio de Estado del 19 de abril al 3 de mayo de 1865, y otra vez del 10 de julio de 1866 al 13 del mismo mes y año, y fue otra vez Ministro de Gracia y Justicia del 10 de julio de 1866 al 27 de junio de 1867, y finalmente otra vez de Estado del 27 de Junio de 1867 al 23 de abril de 1868. Todavía fue elegido senador por Burgos el 4 de mayo de 1872.

También había sido uno de los fundadores de la Academia de Ciencias Morales y políticas y su Presidente desde 1866 hasta 1870. Fue igualmente Vicepresidente de la Academia de Arqueología. A pesar de su apariencia o sus orígenes liberales, el pensamiento de Arrazola es netamente reaccionario, esto acaso por influjo de sus maestros del seminario, pero también por agradecimiento: cuando el 6 de febrero de 1836 se suscitó en la Universidad de Valladolid un motín de estudiantes contra los catedráticos desafectos a las instituciones liberales, el gobernador civil, Francisco R. Gamboa, pidió a Arrazola los nombres de esos desafectos. La respuesta de éste, el día 8, le honra en lo personal: "Mas en cuanto a los hombres que hicieron generosamente mi fortuna, otro los delate si por desgracia lo hubieren merecido". Ya en 1828 manifiesta ciertas aprensiones respecto de las novedades, científicas o filosóficas, si no están plenamente demostradas. En el Prontuario de 1828 había dicho que la mejor forma de gobierno era la Monarquía absoluta hereditaria, lo que luego justificó aludiendo a las necesidades de la época.


Hombre de creencias religiosas, lanza al clero, dogma en ristre, a combatir las ideas socialistas desde época muy temprana, consecuencia de la revolución, de las ideas del siglo XVIII, a las que hay que combatir a fin de regenerar la Nación y de moralizar el siglo, demasiado infectado de escepticismo y materialismo. En el célebre debate de las Cortes de 7 de octubre de 1839 manifestó su creencia de que el partido progresista sólo conduce a la anarquía, y por tanto a la nada; el partido moderado podía conducir al despotismo, según decía, pero con los regímenes absolutos han existido las naciones, y son perfectamente compatibles con la prosperidad de los pueblos. No obstante, aunque él era partidario de la Ley de Ayuntamientos, intentó en la crisis de 1840 evitar que se convirtiese en un pulso entre la Corona y la revolución; es decir, sostenía la contrarrevolución, pero no hasta el punto de echarlo a perder todo por una acción precipitada. Fue siempre consecuente con sus principios, aunque en la época en que alcanzó los más altos cargos (1864-1868), su figura realmente parece un comodín en manos de Narváez, O'Donnell y la Reina. 




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